viernes, 10 de noviembre de 2017

Cómo, cuándo, cuánto y por qué controlamos a nuestros perros.

A priori responder las preguntas que titulan esta entrada puede parecer una tarea sencilla. Pero puedo aseguraros que no lo es. Eso sí, sólo si empezamos a respondernos estas preguntas (y todas las que se deriven de ellas) lograremos enfocar un camino propicio para alcanzar una convivencia plena, saludable y enriquecedora.

Creo que ya he dicho muchas veces, quizá hasta demasiadas, que yo no soy adiestrador. No me dedico a ello. Y aún así, son muchas, muchísimas las personas que contactan conmigo telefónicamente o vía internet para plantearme intervenir como tal en unas u otras circunstancias.

Como soy humano, reconozco que no siempre tengo la paciencia suficiente para explicar adecuadamente la diferencia entre educar y adiestrar. Pero en la mayoría de los casos, esas llamadas o consultas electrónicas acaban derivando en una visita a domicilio.
Y alguien se preguntará ¿por qué? ¿no buscaban un adiestrador? ¿no dices que tú no adiestras? Y así es. Pero la realidad es que la gran mayoría de esas personas no buscaban un adiestrador. Buscaban básicamente alguien que les ayude a "controlar" una situación que se les va de las manos. Y he entrecomillado la palabra controlar porque no es del todo exacta. Lo que todas esas personas quieren es entender qué está pasando. Y quizá necesiten que alguien les ayude, sí. Pero mucho me temo que esa ayuda no puede venir única y exclusivamente de la mano del control.

Y por ahí quería yo poner el foco en esta entrada. A menudo infravaloramos el criterio de nuestros perros y perras y por eso necesitamos instrumentos y herramientas de control. Es decir, necesitamos controlar a nuestros perros porque no nos fiamos de su criterio. Y como controlamos tanto a nuestros perros, no son capaces de desarrollar adecuadamente un criterio propio. ¿Curioso verdad? ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? en realidad da igual. 

Diferentes escenarios; diferentes actores; diferentes instrumentos de control. Obviamente no es lo mismo un collar de estrangulamiento que una bolsa de chuches. Pero de alguna forma, el efecto que podemos llegar a provocar con ambas puede ser similar: un perro sin criterio, incapaz de desenvolverse por sí mismo en diferentes situaciones.

Por eso creo que es tan importante hacernos este tipo de preguntas: ¿Cómo estoy controlando a mi perro? ¿Le estoy controlando demasiado? A veces lo hacemos sin ser conscientes. Otras lo hacemos porque creemos que no hay otra alternativa. En ocasiones lo hacemos para recrearnos y en algunas incluso para que nos ayuden en algunas tareas. Disciplinas deportivas, exhibiciones, concursos... 

Creo que la educación debería centrarse mucho más en cómo dejar de ejercer ese control. Soy consciente de que nuestra vida diaria es posible que nos requiera de cierto grado de control puntual sobre el animal cuando, por ejemplo, nos proponemos cruzar una calle. Pero estoy convencido de que hay muchísimas situaciones en las que el mero hecho de tener que controlar al animal supone un fracaso educativo. Si le tienes que decir constantemente cómo se tiene que portar es porque algo no estás haciendo bien.

Para acabar, me gustaría decir a modo de aclaración que no estoy en contra del adiestramiento, ni mucho menos. Estoy convencido de que se puede adiestrar a un animal de forma amable y respetuosa y lograr lo que uno se plantee. Eso sí, el proceso quizá sea más lento y haya que echarle más paciencia. Y una cosa hemos de tener muy pero que muy clara si queremos adiestrar (o controlar) a nuestro perro o perra en algo concreto: si el animal falla no es culpa suya, sino de quien le da las indicaciones.

Salud y hasta pronto

lunes, 23 de octubre de 2017

Luces, cámara y... acción!

Así es como deberíamos plantearnos las salidas cuando tenemos un "problema" en los paseos. Como si fuésemos a rodar una película. Pero en esta película trataremos de ayudar a nuestrx perrx.

A menudo, cuando tenemos un problema con nuestro perro o nuestra perra en el paseo, solemos tomar medidas al respecto. Pero con demasiada frecuencia esas medidas van dirigidas, bajo mi punto de vista, al destino equivocado: al animal.

Cuando tira de la correa, cuando ladra o persigue a ciclistas, cuando come cosas del suelo, cuando ladra a otros perros que pasan... etc etc intervenimos sobre el animal para evitar que ese comportamiento persista o se repita. Le llamamos la atención, tensamos y acortamos la correa, le gritamos... Pero muy pocas veces caemos en la cuenta de intervenir sobre el escenario. Y en algunas de esas pocas veces, actuamos mal sobre el escenario. Pecamos de sobreprotección hacia el perro o la perra y le aislamos de todo aquello que le genera malestar o incomodidad. Y tampoco se trata de eso. Creo que es bueno y sano para todxs enfrentarnos y superar nuestros temores. Pero también creo que debería hacerse de la forma más apropiada posible.

Así pues, cuando en una visita aconsejo modificar o cambiar ciertas cosas en lo que a las salidas y paseos se refiere, suelo aconsejar que se haga desde la perspectiva de que preparamos un escenario para que nuestro perro o perra "actúe".

Nuestro papel es el de director o directora de la película. Yo no se mucho de cine, pero creo que el paralelismo se va a entender.
Como directorxs tenemos un o una protagonista de la película: nuestro perro o perra.
Tenemos que ser capaces de buscar los actores que acompañarán a nuestrx protagonista, y esos actores deben estar a la altura de nuestrx actor o actriz principal.
También es tarea nuestra buscar escenarios propicios para que la obra se desarrolle y pueda lucir en toda su plenitud.
En esta película también aparecerán actores y actrices secundarios que aparecerán de forma espontánea. Hay que tenerlos siempre en cuenta.

Nuestra tarea es preparar todo eso para que una vez se dé la señal de "acción", es decir, una vez salgamos a pasear, todo sea una gran función preparada para que nuestrx compañerx peludx pueda resolver sus conflictos.
Una vez empiece todo, nuestra intervención deberá ser mínima. Sólo en casos puntuales podremos aportar algo a lo que suceda pero en la buena parte nuestra tarea es observar en silencio. Ya sea paseando con correa o sin ella. En el caso de que sea en paseos con correa, nuestra tarea será mayor ya que además de preparar todo el escenario, deberemos saber manejar la correa. Pero no resulta complicado si la planificación es buena.


Y en el caso de no entender todo esto o de ser incapaz de ejercer de director de la película que te está planteando tu perro o perra, siempre puedes acudir a una buena educadora canina para que te ayude. Al final, nuestra tarea es un poco esa: ayudar a las personas a ayudar a sus perros :)

Salud y hasta pronto!!!!

martes, 17 de octubre de 2017

Aprender a pasear como cuando se aprende a conducir.

Cuando hay problemas relacionados con el paseo o con la correa, a menudo recurro a este ejemplo para que lo que quiero transmitir se comprenda con más facilidad.

Y es que cualquier persona que tenga carné de conducir sabrá que al empezar las prácticas, el profesor o profesora no te hace conducir por el centro de la ciudad. No te pone al volante y te dice: "apáñate como puedas!". ¿Verdad que no? El proceso que seguimos es mucho más progresivo. El primer día quizá ni conduzcamos. Nos enseñarán lo básico: mecánica básica, cuadro de luces, controles, pedales, marchas... Luego conduciremos por zonas prácticamente aisladas del tráfico: polígonos, zonas restringidas, etc. Y conforme vayamos cogiendo confianza iremos acercándonos al centro.

Cuando hago un taller de correa, el planteamiento es muy similar. Muchas veces tenemos que re-aprender a utilizar la correa, y para ello es mejor empezar desde cero. Sin malos hábitos. Igual que conducir, llevar bien la correa no es difícil una vez has aprendido, pero el proceso de aprendizaje es de vital importancia.

Salvando todas las distancias obvias que hay entre conducir un coche y pasear con un perro, es un ejemplo que me sirve para hacer entender el proceso de aprendizaje que seguimos en los talleres y en las visitas en las que planteo cambios relacionados con el paseo y con la gestión de la correa.

Pasear por zonas tranquilas nos permitirá conocer mejor al animal y a su vez, el perro podrá pasear más relajadamente y disfrutará más del paseo. Fortaleceremos el vínculo, ganaremos confianza mutua y poco a poco nos estaremos preparando para afrontar retos mayores (calles o zonas más transitadas).

No se trata de pasear eternamente por zonas solitarias, sino de empezar de cero. Con la actitud y las herramientas adecuadas, en poco tiempo estaremos preparados para afrontar situaciones mucho más complejas y veremos a un perro mucho más resolutivo y maduro.

Salud y hasta pronto!!

domingo, 15 de octubre de 2017

Actividades a final de mes

Dada la buena acogida que han tenido las actividades y charlas propuestas hasta ahora, he decidido "formalizar" un calendario que nos permita organizarnos un poco mejor.
Con ese objetivo cada último fin de semana mes habrá una actividad. Bien sea charla, sea taller o salida.
Así pues, cada último sábado (o domingo) de mes organizaré un encuentro en el que podrá participar quien quiera. La participación en estas actividades será bajo previa inscripción y empezaremos dentro de dos semanas, con una salida que realizaremos por la montaña acompañados por nuestros perros y perras. 

Al principio de cada salida se darán ciertas pautas que los asistentes deberán intentar seguir para aprovechar al máximo el tiempo que dure el paseo (aproximadamente 40 minutos). A continuación de la breve explicación dará comienzo el paseo, en el que se abordarán posibles dudas relacionadas con el comportamiento de nuestros perros y en el que sobre todo trataremos de hacer que nuestros perros puedan disfrutar plenamente de un paseo en libertad por el monte.

Las actividades en formato charla se harán en lugares públicos y abiertos, como he hecho hasta ahora, y no será necesaria la implicación de perros y perras. Durante más o menos una hora hablaré de diversos temas relacionados con la educación canina y obviamente responderé preguntas y trataré de resolver todas las dudas que puedan surgir.

Los talleres estarán enfocados a practicar para mejorar aspectos más concretos como la gestión de la correa, la respuesta a la llamada o situaciones concretas y puntuales con las que nos encontramos habitualmente. Así pues será necesaria la participación de perros aunque no será imprescindible que todxs los participantes vayan acompañadxs por sus perrxs.

Dentro de poco colgaré más info de la próxima salida que tendrá lugar el día 28 de octubre. Si alguien quiere participar o está interesado en saber más que se ponga en contacto conmigo por mail o por teléfono. Estaré encantado de resolver cualquier duda.

Salud y hasta pronto!!!

domingo, 27 de agosto de 2017

Xerrada gratuïta a finals de setembre

El dia 30 de setembre, dissabte, xerrarem una mica sobre educació canina al Parc de la Sínia, a Calafell. La xerrada serà curteta, aproximadament d'uns 45 minuts o una hora. Exposaré el meu punt de vista al voltant de les problemàtiques més habituals i comuns, tractaré d'explicar el perquè poden donar-se determinats comportaments en els nostres gossos i gosses i d'aquesta manera orientar una mica a les persones que vulguin millorar algun aspecte de la relació amb el seu gos o gossa.

Com bé diu el títol d'aquesta entrada, la xerrada serà completament gratuïta. A canvi, només es demanarà als assistents un donatiu voluntari que anirà destinat íntegrament a l'Associació per la Defensa i Protecció dels Animals de Calafell (ADIPAC).

D'aquesta forma tractarem de visualitzar la tasca d'aquestes persones al nostre municipi, i a la vegada ajudarem econòmicament a l'associació per tal de que pugui continuar fent la seva feina que tant important resulta, per desgràcia, a la nostra societat.

Sempre he cregut que educadors, protectores i veterinaris som part del mateix equip. Un equip multidisciplinari que té com a objuectiu final el benestar dels animals que vieun amb nosaltres. Realitzant tasques molt diferents, som tres potes del mateix taburet i això ens hauria de permetre col·laborar de forma eficaç i efectiva. Per desgràcia, aquesta combinació, aquest equip multidisciplinari, aquest engranatge és més difícil de moure si qui s'encarrega de lubricar-lo i engreixar-lo, no ho fa.
En aquest cas, són les administracions les encarregades de propiciar que aquest eix social funcioni adequadament. Porporcionant mitjans, nodrint de pressupost o sencillament no dificultant les tasques que aquestes persones realitzen per amor i estima als animals.

En fi, tothom qui vulgui venir, el dissabte dia 30 ens veiem!



Salut!


sábado, 12 de agosto de 2017

El Mito de la Caverna del siglo XXI.

Cuando Platón hace unos 2000 años planteó el Mito de la Caverna en su libro La República no creo que fuese consciente de lo actual y contemporáneo que resultaría tantos siglos después.

Para quien no lo conozca, el Mito de la Caverna de Platón describe la situación de un ser humano condenado a vivir desde su nacimiento aislado en una caverna de la que no puede salir, y percibe el mundo de esa forma. Su contacto con el mundo exterior se limita al juego de luces y sombras que la luz del Sol arroja en la entrada, de tal modo que su idea de ser humano se limita a algo así como a una serie de sombras alargadas en movimiento.

Esta es una interpretación muy propia y libre de la obra, y recomiendo mucho su lectura porque es como La Metáfora de muchas cosas, pero sobretodo de los límites que el ser humano pone a su propio conocimiento.

Dicho esto, utilizo como referencia esta historia de Platón porque creo que refleja perfectamente la situación de muchísimos perros hoy en día.
Muchos perros viven aislados en sus casas y jardines. Se les priva desde bien temprano del contacto con el mundo exterior y de las relaciones con otros individuos de su especie y poco a poco se transforman en ese individuo que describe Platón en el relato.
Son esos perros que ven el mundo desde una terraza o un jardín. Que corren por la valla que da a la calle de punta a punta ladrando y queriéndose comer a todo el que pasa por delante.

Por desgracia para ellos, muchos perros que viven en casas sufren un aislamiento terrible del mundo que les rodea, y eso repercute enormemente en su salud. Tanto física como mental y emocionalmente, el perro pagará las consecuencias de ese aislamiento y eso repercutirá, obviamente, en la convivencia.

Es por eso que son tan importantes los paseos. Y no sólo el hecho de pasear como tal, sino de que los paseos sean lo más completos posibles, adecuando las salidas a las características de cada un@. 

No sólo el confinamiento en jardines provoca la sensación de aislamiento. También privar de una adecuada interacción con otros perr@s convierte a nuestr@ compañer@ poco a poco en el protagonista perruno del mito de la caverna del s. XXI.

En nuestras manos está convivir con un animal pleno o hacerlo con un rehén.

martes, 8 de agosto de 2017

Un macarra, una rubia y un buenazo.

Ayer por la tarde acudí a un local social acompañado de Luna y Rudy. No suelen venir conmigo a este tipo de sitios, entre otras cosas, porque creo que no son los mejores lugares para pasear (se aburren, no pueden explorar, tienen que estar atados...). Pese a todo, ayer decidí que me acompañaran. Iba a ser poco rato y al primer indicativo de agobio por su parte, nos marcharíamos.

El local es como una pequeña burbuja de tranquilidad en mitad de todo el ruido y gente que va a la playa, a comprar o a pasear.

Alguna vez había coincidido en el local con Rocky, un alegre y bonachón labrador de color chocolate, de unos 5 años de edad y compañero de los propietarios del negocio. Y ayer fue uno de esos días. La diferencia es que siempre que habíamos coincidido yo iba solo, y pasamos buenos ratos de masajes, miradas y caricias.

Ayer yo iba acompañado, y eso hizo que Rocky se comportara ligeramente distinto.

Nada más entrar por la puerta vino a saludarme, pero se frenó a un metro aproximadamente cuando vio q tras de mí entraban Luna y Rudy. Ellos fueron desde ese momento su foco de atención.

Se acercó para saludar a Luna primero, pero no se esperaba que el más pequeño de los tres fuera el más macarra. Rudy se interpuso entre Rocky y Luna, frenando el enérgico avance de éste y proponiendo una situación nueva: ahora hay que saludar a Rudy para poder llegar  a Luna. Y hasta cierto punto, la actitud de Rudy se podría considerar "desafiante" para con Rocky (plantado en pose de chulito, pecho fuera, cabeza alta, boca cerrada, orejas tiesas...)

A todo esto me gustaría destacar el hecho de que Rocky se movía libre y sin correa por el local (local que además conoce perfectamente) mientras que Luna y Rudy permanecían atados a una correa que sujetaba yo.

Como alguna vez ya he comentado, el comportamiento de los perros puede ser muy distinto si van con o sin correa, y ahí estaban los tres actores caninos para hacernos una demostración in situ.

Pasados unos minutos, Rocky seguía en su empeño por conocer a Luna, que permanecía echada junto a mí en pose de esfingie. Rocky, desde la distancia, buscaba estrategias que le permitieran resolver con Rudy sin entrar en conflicto para luego poder conocer a la rubia, que se lo miraba todo con interés.

Habían pasado ya varios minutos y las  cuatro personas que estábamos allí observábamos la situación sin intervenir. Pensé que tanta atención no ayudaba a Rocky en su tarea, ya que éste no paraba de mirarnos. Tenía la sensación de que le estábamos poniendo demasiada presión y decidí intervenir. Comencé a hablar, explicando lo que yo veía que estaba pasando con el objetivo final de distraer un poco la atención de las personas. De esta forma, tanto Rocky como Rudy y Luna podrían tomar sus decisiones sin tanta presión.
Dos de las tres personas parecían estar muy interesadas en lo que explicaba, e incluso nos explicamos anécdotas que ilustraban todo lo que allí estaba pasando. La tercera persona no parecía demasiado convencida. Aguantó bastantes minutos sin hacer prácticamente nada (básicamente chistaba a Rudy cuando éste gruñía a Rocky, cosa que me daba más pie a seguir hablando y que preocupaba muy poco o nada a los tres perros). Finalmente el muchacho no pudo contenerse decidió intervenir para "solucionar" la situación.

Rocky había logrado avanzar mucho en sus "negociaciones" con Rudy, hasta el punto de que Rudy se había movido de sitio y ahora dejaba claramente el camino despejado para que Rocky se acercase a Luna. Rudy se colocó todo lo lejos que la correa le permitió y de espaldas a la situación. Pero Rocky había aprendido a tomar precauciones, y no se dirigió directamente hacia Luna, sino que empezó a  rodear la situación.

Esto fue lo que colmó el vaso de paciencia de la única persona que intervino. Se levantó y se acercó a Luna y a mí (Rudy estaba echado a unos dos metros de nosotros) a la vez que llamaba a Rocky. Y ahí se produjo, para mí, la magia.

Rocky se acercó al muchacho. Orejas hacia atrás, cola caída, paso lento, mirada al suelo... Rudy abandonó su posición para volver a ponerse "en guardia", pero esta vez no era por Rocky, sino por el muchacho que estaba intentando llevar a Rocky hasta Luna.
La rubia, impasible, seguía tumbada junto a mis pies. Rudy no podía acercarse porque la correa se había liado con una pata de la mesa y fue Rocky quien se negó a conocer a Luna en esas circunstancias.

Lo tenía muy fácil, a escasos centímetros. Pero no se había pasado 20 minutos negociando con Rudy para que ahora alguien mandara al traste sus esfuerzos, de manera que se negó a acercarse a Luna. El chico trató por activa y por pasiva de convencer a Rocky. Trató incluso de empujarlo en dirección a nosotros. Pero no hubo manera. Los 30 kgs de labrador chocolate se negaban a avanzar. Plantó su culo en el suelo y el muchacho, de brazos fuertes, no pudo más que moverlo unos centímetros.

Y fue entonces cuando creo que todos vimos el panorama: un ser humano tratando de explicar a tres perros cómo se han de comportar los perros, y los tres perros negando la mayor de la forma más elegante que sabían.

Esto suele pasar mucho más a menudo de lo que algunas personas puedan pensar. Y para su desgracia el resultado no siempre es el narrado en esta entrada.

Finalmente, la situación se solucionó cuando decidí marcharme, al cabo de pocos minutos. Con la excusa de que la correa se había enredado con la pata de la mesa, solté a Rudy y éste pasó olímpicamente de Rocky. Rudy se puso a olfatear y chafardear todo lo que le rodeaba (como hace habitualmente) y Rocky finalmente pudo acercarse y olfatear a Luna.
Fue volver a colocar la correa en el arnés de Rudy y éste volvió a su actitud "desafiante". Antes de marcharme miré a Rocky, que sonreía satisfecho (o esa fue mi sensación, también podía ser que jadeaba agotado por la tensión de la situación).

La intención del muchacho era la mejor, estoy convencido, porque le conozco. Pero a veces olvidamos que los perros son perros y las personas son personas.

Castigar o corregir el gruñido es fatal para la convivencia con nuestros perros y perras. El gruñido es necesario y vital para ellos y para nosotros. 
Intentar mediar en una situación de perros a menudo es más complejo de lo que nos pensamos; y tratar de imponer nuestro criterio sin tener en cuenta lo que está sucediendo a nuestro alrededor es, cuanto menos, temerario.

Rocky consiguió su premio: conocer a la rubia. Pero no a cualquier precio. En educación las formas pueden ser tan importantes como el fondo, y el fin no justifica los medios. Es más, los medios (o formas) a veces importan más que el fin. Como dice la letra de alguna canción: "que no te obsesione el destino, lo mejor está en el camino."

Salud y hasta pronto!