domingo, 19 de abril de 2015

Una red social milenaria

Para comprender mejor esta entrada partiremos de dos premisas fundamentales y que a estas alturas de la película no son en absoluto nuevas.


La primera premisa de la cual partimos es que los perros son animales sociales. Disfrutan y necesitan de la compañía de otros individuos para desarrollarse.

La segunda premisa es que los perros viven en un mundo de olores. El olfato es su mejor sentido, con diferencia. Es el más desarrollado y miles de años de evolución han dotado al perro de un sentido del olfato que nosotros no podemos ni llegar a imaginarnos.

Pues bien, aceptando ambas premisas me dispongo a hablaros de un tema muy particular y no menos importante para nuestros amigos perrunos: los pipis.

Uno de los objetivos de esta entrada es que después de haberla leído veamos la acción de orinar de nuestro perro de otra forma. Quizá deberíamos empezar a observar el contexto antes de apurar a nuestro amigo con la correa o de arrastrarlo directamente apartándolo de aquello que está oliendo.

Me voy a centrar en dos tipos de meadas que he podido observar en la calle y durante los paseos. Y como son situaciones que se dan a nivel social, voy a hablar de "meadas sociales".

Dentro del inmenso abanico que podemos encontrar de situaciones en las que los perros orinan, voy a hablar únicamente de dos tipos de meadas bien distintas y que a su vez abarcarían una cantidad importante de matices.

El primer grupo lo he llamado " Meada nerviosa". Lo llamo así porque el nombre define casi literalmente lo que sucede. Esta acción de micción debida a los nervios se da muy a menudo, mucho más de lo que podemos imaginarnos. Tiene lugar cuando, durante el paseo, surge algún imprevisto para el perro. Y cuando digo cualquier imprevisto, me refiero justamente a eso. Será la seguridad en si mismo, la confianza y la buena referencia que el perro tenga en el momento del imprevisto lo que haga variar la frecuencia de este tipo de micción. Esto tan complicado aparentemente, se puede trasladar a la realidad de una manera muy sencilla y habitual. Situación: paseando con mi perra por la acera, se abre una puerta detrás nuestro y aparece una persona. Mi perra que estaba a otra cosa se gira, se detiene y observa cómo la persona se acerca a nosotros. La persona no se fija en mi perra porque va mirando el móvil y ésta hace una maniobra para dejar pasar a la persona que no se ha percatado de nada. Cuando la persona se aleja mi perra me mira, mueve el rabito y orina un poco mas allá, apenas dos segundos y unas gotas, suficiente para eliminar el cortisol y otras hormonas estresantes que le pusieron en alerta hace un minuto.

Situaciones como ésta se nos plantean muchísimas a lo largo de un solo día. En lugar de una persona podemos imaginar una moto ruidosa que pasa muy rápido, o un perro que le ladra desde un balcón, una persiana que se cierra, una sirena... etc.

Esta meada es puramente fisiológica. La principal función es eliminar sustancias estresantes del organismo para volver a la normalidad. Si no se permite, las hormonas estresantes siguen ahí, haciendo de las suyas, manteniendo al animal en alerta y acumulándose hasta que las reacciones se vuelven casi instintivas. Es entonces cuando se entra en un circulo peligroso para el bienestar emocional del perro ya que se empiezan a percibir amenazas donde no las hay, y esto impide al animal relajarse.

Lo que resulta más interesante es que no solo se da esta situación una vez el imprevisto ya ha pasado. Como he dicho antes, hay un sinfín de matices, y uno que se me antoja particularmente importante es el de las situaciones entre perros.

Imaginemos la situación: esta vez nuestro perro va suelto. Estamos solos en el parque. Pero aparece una persona con otro perro suelto. Los perros se ven de lejos y deciden acercarse siguiendo su propio instinto, bailando esa particular danza ritual de movimientos lentos y previsibles en la distancia, hasta que uno de ellos decide parar para orinar antes de acercarse más. 

Probablemente ese perro haya descargado una buena cantidad de nervios y tensión para así poder acercarse mas tranquilamente al otro perro. Y es muy probable también que el otro perro se dirija a la zona donde el primero ha meado para oler. Y luego meará encima para que el otro haga lo mismo, se acerque a oler y como el que no quiere la cosa, ya están juntos, oliendo algo y seguramente aprovecharán para olerse y reconocerse mutuamente.
Esta situación se dará por finalizada cuando nuestros caminos se separen y nuestro perro vuelva a mear por la zona antes de seguirnos.

Estas dos situaciones que he planteado las veo muy a menudo. Y por desgracia y desconocimiento, en muchas ocasiones no se permite a los perros completar sus rituales sociales por muy fisiológicos que sean. Lo más curioso de este tipo de meada es que, a diferencia del otro tipo del que os hablaré a continuación, no es exclusivo de los perros. Es más, nosotros compartimos  con los perros esta peculiaridad. Consultándolo con cualquier persona, uno puede llegar rápidamente a esa conclusión. Personalmente tengo la suerte de conocer a muchas personas que se dedican a la musica, al espectáculo y eso quizá lo hace mas evidente. En situaciones como la que comento en la sección de La Penya del Morro (1h 10mins aprox), hasta el mismo presentador reconoce que en su ámbito es común hacer una pequeña y rápida meada antes de entrar en directo; también músicos amigos reconocen que casi inconscientemente minutos antes de salir al escenario beben agua o cerveza sin tener sed. La ingesta de liquido facilita la ya mítica meada nerviosa que favorece el equilibrio general para afrontar una situación.


Siendo algo que compartimos con los perros, me cuesta entender como a veces no somos capaces de empatizar un poco más con ellos y ser mas respetuosos.

El segundo tipo de meadas lo llamaré, muy entrecomillado, el "marcaje".

Y lo pongo entrecomillado para que se entienda, ya que seguramente a tod@s nos ha venido a la cabeza la imagen a la que me refiero. Esas meadas en solitario, aparentemente aleatorias, que hacen nuestros amigos cuando van a la montaña, a la playa o a cualquier sitio donde haya olores interesantes. Pero no creo que sea algo que marque propiedad o limites. 

Esta meada, lejos de delimitar un territorio, yo la interpreto como una marca que deja el individuo. La intención con la que lo hace la desconocemos por completo, y es por ello justamente por lo que debemos respetarlo.

No podemos imaginar la cantidad de información que puede haber en ese pipí, tanto si lo hace nuestro animal como si lo esta oliendo. Probablemente nuestros perros deciden marcar ciertos puntos porque a ellos les resultan interesantes. Por las razones que sean, un excremento parece ser un sitio interesante para marcar. También lo son las esquinas, los postes, los árboles... quizá estos lugares tengan una función orientativa (entre otras). Quizá sea una forma de decir a amigos y conocidos que ha estado ahí. Quizá, quizá, quizá. Son tantos los motivos que se me ocurren cuya relevancia social puede ser vital para nuestros amigos que se me ocurren pocos motivos para no permitir el desarrollo de lo que, al fin y al cabo, es lo más parecido a una red social con miles de años de antigüedad y perfeccionamiento. No sabemos la cantidad ni el tipo de información que nuestro perro puede extraer de un simple trozo de papel. Tampoco sabemos como repercute apartar al animal de un olor muy interesante para él pero que a nosotros nos repugna. Si algo no nos gusta, seamos previsores y evitemos que nuestro perro pase cerca de eso. Podemos distraerlo, modificar un poco el camino para esquivar o incluso encoger la correa unos segundos hasta que hayamos pasado de largo. Pero si el animal ya esta oliendo algo, deberíamos respetarlo.


Permitamos que nuestros perros orinen y huelan otros pipis, eso repercutirá directamente en su bienestar emocional ya que es una actividad natural para ellos y que tiene multitud de beneficios, entre los cuales destaco la relajación del animal y el aumento de la seguridad en sí mismo.

Los dos tipos de meadas son distintas sobre el papel pero pueden darse de manera solapada y ambigua, así que os recomendaría observar bien a vuestros compañeros peludos durante un tiempo antes de sacar vuestras propias conclusiones.

Un saludo muy perruno a tod@s!!


martes, 20 de enero de 2015

LA NOCHE MÁS LARGA.

No sé donde estoy pero no me gusta este sitio. Es de noche y hace frío. No sé cuánto rato llevo aquí, pero no quiero quedarme. Quiero volver a casa…

(4 horas antes, aproximadamente)

1. El descuido.
Son las 20.30h de un sábado de enero y por lo tanto hace ya rato que es de noche. Llego a casa y Luna y Rudy ya me esperan en la puerta. En cuestión de minutos estamos los tres en la calle y nos dirigimos caminando a la playa. Tardamos poco en llegar al paseo marítimo, apenas unos minutos. Entretanto, decido desviar la ruta y en lugar de dirigirme directamente a la playa, opto por tomar un camino que empalma dos tramos de paseo marítimo. Hemos recorrido este camino mil veces (de día, de noche, lloviendo…) pero como pasa mucha gente (y perros) durante el día seguro que hay olores nuevos e interesantes.
Empezamos el camino, que tendrá aproximadamente unos 300m de largo, y los ojos tardan unos segundos en acostumbrarse a la oscuridad de la zona. Ninguna farola ilumina el camino, y eso permite ver un cielo nocturno espectacular.
A los pocos metros, consigo distinguir varias personas que transitan por el mismo camino que nosotros. Alguno va en bici y sin luz, por lo que creo más conveniente apartarnos. Unos metros más adelante hay un pequeño atajo que comunica el camino y la playa. Iremos por ahí.
Me paro y silbo para avisar a Rudy y a Luna, y en cuestión de segundos aparece Rudy. Enseguida interpreta que nos adentramos en la playa y como Luna aún no ha venido, me veo obligado a pedirle a Rudy que espere. Así lo hace, y se tumba a escasos metros de mí. Vuelvo a silbar, un silbido un poco más largo esta vez. A ver si así Luna nos ubica y aparece. Entretanto, dejo pasar a las personas que venían por el camino en una y otra dirección. Ya estamos solos, las personas se alejan y Luna sigue “a su rollo”.
Han pasado unos minutos y me extraña mucho que Luna no haya aparecido por aquí. Rudy y yo no nos hemos movido del mismo lugar. Rudy sigue esperando y yo también. Pero seguimos sin noticias de Luna, así que decido retomar el camino. Seguro que Luna ha llegado hasta el final del camino y nos está esperando allí. Es un recorrido habitual y ella iba por delante de mí cuando me he detenido. Iba incluso por delante de Rudy. Probablemente esté en el otro lado del camino, esperando en el murete del paseo. Seguimos avanzando y ya vemos el final del camino. Las farolas iluminan la zona y no hay nada que me haga pensar que Luna esté por allí. No la veo, ni veo su sombra. No oigo nada, sólo el mar de fondo y un tren que pasa. Vuelvo a silbar y la llamo en voz alta. Espero unos minutos. Nada. Enfadado, decido dar media vuelta y desandar el camino. Conforme avanzo, voy mirando atentamente entre las sombras para ver algún movimiento furtivo. Empiezo a pensar que Luna nos ha perdido de vista y ha decidido seguir su olfato. Seguro que ha vuelto atrás asustada porque no nos veía y ha vuelto a casa. Sí. Está muy oscuro y pasaban varias personas. Ella va siempre con el hocico en el suelo y quizá ha seguido una “silueta humana” creyendo que era yo y se ha despistado. Para cuando se haya dado cuenta, habrá buscado mi olor o la de Rudy y habrá vuelto a casa irremediablemente.
Ya estamos a mitad del camino, hemos pasado por la zona en la que Rudy y yo nos habíamos desviado antes y no hay ni rastro de Luna, así que seguramente esté en la misma puerta de casa esperándonos. Avanzo cada vez más rápido. Rudy se queda atrás y me paro a esperarle. Una vez Rudy se despistó durante un paseo. También era de noche y también recurrió a lo seguro: volver a casa. Ese día, Rudy estuvo “a su rollo” unos 20 minutos. Eso me ayuda a pensar que Luna haya hecho algo similar. Estamos cerca de casa, es imposible que se haya desorientado.
Salimos del camino y mi paso es acelerado. Rudy no parece entenderme demasiado y eso hace que su ritmo sea más lento. Por suerte ya estamos al lado de casa, cuando giremos esta esquina veremos a Luna esperándonos en la puerta, como Rudy hizo en su día, con cara de: “¿pero se puede saber dónde estabais? ¡La puerta no se abre sola!”. Un par de metros más y ahí estará…
Pero no. En la puerta no hay nadie esperando. Avanzo rápido mirando todas y cada una de las plantas que hay a lo largo de la acera hasta llegar a mi puerta. Nada, ni rastro… No sé donde está Luna.

2. La búsqueda.
Una sensación horrible me recorre por dentro. No sé qué hacer. Abro la puerta, Rudy entra en casa y automáticamente vuelvo a cerrar. Me giro y vuelvo a caminar en dirección al camino. Estoy enfadado, pero sobretodo empiezo a estar inquieto. No sé donde se puede haber perdido esta perra. ¡Estamos al lado de casa! Se habrá ido a la playa. Seguro. Esta se ha metido en la playa y en cuanto sus almohadillas han tocado arena fina ha dicho: “¡a correeeeer!” y así habrá recorrido varias calas desorientada. Es poco probable. No es algo habitual en ella. Le gusta correr en la playa, sí, pero si por algo siempre se ha caracterizado Luna es por no perderme de vista. Hemos estado en entornos muy variopintos. Montañas, caminos, ríos, playas… y nunca se ha despistado. Hasta hoy. Pero es de noche, y en el fondo, aunque no quiera reconocerlo, se hace mayor.
Imagino que en la playa los olores son muy distintos a los a todos los demás. Quizá todas las calas huelan de manera similar, ya que las baña el mismo mar y la tierra se mueve de un lado a otro. Quizá eso la haya desorientado.

Vuelvo a estar en el camino. En el último sitio en el que recuerdo haberla visto. Silbo y la llamo un par de veces. Nada. Sigo caminando, llego hasta el final del camino y me adentro en la playa. Camino un par de calas dirección Barcelona. Nada, ni rastro. Doy media vuelta y vuelvo a recorrer las mismas calas y el mismo camino de vuelta a casa. Conforme vuelvo a acercarme a casa, vuelvo a imaginármela en la puerta esperando. Quizá se haya entretenido más de lo que yo pensaba y ha vuelto en este rato. Me acerco a casa y aunque no veo la puerta, oigo a Rudy ladrando a lo lejos. Ya está. Ha vuelto a casa y Rudy que le está ladrando desde dentro.
Pero no. En la puerta no está Luna, no hay nadie. Rudy está en la terraza ladrando. Creo que está protestando, pero intento ver en su mirada alguna pista de Luna. Quizá la haya visto pasar y por eso ladra. Quizá la haya visto recorrer la explanada que hay enfrente de casa. Me adentro en ella, pero no parece muy probable que esté por aquí. Ya hemos estado esta tarde y no veo porqué Luna, desorientada, debería venir aquí. La explanada es grande, quizá un par de campos de fútbol o más, pero la hierba está cortada muy baja y eso me permite ver que no hay nadie. De todas formas decido recorrerla y cuando llego al final de la explanada la sensación de inquietud se incrementa notablemente.
Voy a la playa y recorro otras dos calas, esta vez en dirección Tarragona. Nada. Ninguna sombra a lo lejos que me aliente a seguir en esa dirección. Doy media vuelta y vuelvo al paseo marítimo. Me vuelvo a adentrar en el camino, dejando atrás los ladridos del insistente Rudy.
Mi enfado hace rato que se está haciendo pequeño, y su lugar lo ocupa la inquietud. Ya no me imagino la cara de cabreo que le voy a poner cuando la encuentre. Empiezo a conformarme con ser el debilucho que la abrace tras un rato de preocupación. En el fondo no soy mucho más que eso, y mi enfado acabará traduciéndose sí o sí en una sesión de mimos y caricias memorable cuando la encuentre.
Sigo caminando por la playa. No sé cuanto rato ha pasado ya, pero empiezo a estar cansado. Me dirijo a casa, pensando de nuevo que estará en la puerta. Habrá perseguido un gato y se habrá ido más lejos de lo que yo creía. Eso la habrá entretenido mucho rato. Pero es raro porque por la playa no suele haber gatos. Quizá haya seguido un olor, ha llegado hasta una basura o una papelera y allí ha visto un gato, o varios. Eso le habría entretenido mucho rato, pero quizá haya vuelto de su aventura. Solo espero que no tengamos que curar heridas, porque si ha perseguido un gato, seguro que se habrá metido en algún lío. En fin, que todo sea eso. Algún arañazo, algún mordisco y mañana al vete a por las vacunas. Espero que no le hayan tocado los ojos, eso sería muy jodido…
Llego a casa y de nuevo no hay ni rastro de Luna. Rudy, al verme entrar, me ladra desde la terraza y mueve el rabo. Está contento de que haya vuelto. Con las prisas, le he dejado en el jardín, y el pobre seguro que tiene sed. Entramos en casa y efectivamente se amorra al agua y bebe con su particular estilo. Le pongo la comida y me recorre un escalofrío. Nunca le había puesto comida solo a Rudy. Siempre comen juntos, y el plato vacío de Luna me hace sentir muy mal. Echo comida en el plato de Luna para intentar mitigar el dolor pero no sirve de nada. Sigo sintiendo un enorme vacío y mucha inquietud, apenas puedo parar unos minutos y es sobretodo debido al cansancio.
Voy a la cocina, no he cenado y aunque no tenga hambre, necesito comer algo para seguir buscando a Luna. Un bocadillo bastará.
La puerta del jardín está abierta desde que he llegado, por si acaso Luna decidiera regresar ahora. Me como el bocadillo en el balcón, temblando más de nervios que de frío y mirando la puerta abierta del jardín.
Con la servilleta de papel aún en la mano, decido volver al camino. No han pasado ni diez minutos. Equipado con una luz frontal de leds y un par de juguetes de Luna me adentro en el camino iluminando todos los rincones que antes me quedaban ocultos por las sombras. Recorro todo el camino y llego al final. Me adentro en la playa, iluminando en todas direcciones, pero la luz aquí me sirve de poco. Está muy oscuro, hoy no hay Luna en el cielo, y eso me permite ver muchas estrellas. Sigo caminando por la playa llamando a Luna y silbando, sin perder la esperanza de que allá donde esté me escuche y se oriente. Pero no hay ni rastro. Una mirada al cielo me devuelve la esperanza. De golpe, justo frente a mí, una estrella fugaz hace acto de presencia, recorriendo el cielo de norte a sur. A estas alturas, la más mínima superstición me ayuda, y una estrella fugaz es una de mis supersticiones favoritas. Es una señal. El deseo que le pido a la estrella es obvio: encontrar a Luna.

3. Ni rastro.
Animado por la estrella, decido retomar la búsqueda y enfocarla de una manera más racional. Hasta el momento, básicamente me he dedicado a caminar de un lado a otro. No he parado de moverme y el sentido común aparece por primera vez en mucho rato para aportar algo: si buscas a alguien que te busca, espérale en algún lugar. Si no, los dos estáis en continuo movimiento y es mucho más difícil que os encontréis.
Me parece buena idea y decido esperar en el paseo marítimo, al final del camino donde la perdí de vista. Me enciendo un cigarro y espero unos minutos. Pero la inquietud aumenta de manera exponencial conforme pasan los minutos y acabo tirando el cigarro antes de terminarlo para volver a caminar. Esta vez me dirijo a un objetivo y camino callejeando varias manzanas hasta llegar a él: la guarida de gatos más cercana a DVB. Está ubicada en la puerta de un parking, junto a unos contenedores, y aunque no se si allí viven, sé que es un lugar muy frecuentado por gatos tanto callejeros como caseros que se escapan de aventuras. Conforme me acerco al lugar, veo en las sombras algún gato que asoma extrañado por mi presencia allí a esa hora. Están demasiado tranquilos. Luna no ha pasado por aquí. De haberlo hecho, no estarían haciendo vida normal. Si Luna hubiera pasado por aquí, algunos se habrían escondido y otros se hubrian largado. Pero están haciendo vida normal. Uno hasta está comiendo algo en la acera.
La hipótesis de una Luna aventurera persiguiendo gatos me convence más que la de una Luna desorientada. Eso me hace tomar la decisión de dirigirme a otro lugar “gatuno”. Está más lejos de casa pero si Luna buscaba “bronca”, este lugar es una apuesta segura. Ahí sí viven varios gatos y Luna lo sabe porque pasamos a diario. Esa guarida es un local abandonado que hace esquina, y normalmente hacen vida dentro del local. Solo los ves entrar y salir. Alguna vez, si el tiempo y las circunstancias lo permiten, alguno toma el sol en la puerta. Pero es muy raro. Mientras pienso todo esto ya casi he llegado al lugar. A lo lejos veo la puerta del local vacía, y no parece estar muy alterado el ambiente en la guarida. Nada me hace pensar que Luna haya estado aquí.
Vuelvo a casa. Rudy debe estar preocupado y extrañado por todo lo que está pasando y por cómo me estoy comportando, así que lo mejor será que me acompañe.
Salimos de nuevo en dirección al camino, y se me ocurre colocar a Timmy, el juguete de Luna que en su día simulaba ser una ardilla, en la puerta del jardín, dejando ésta entreabierta. Lo coloco de modo que cuando Luna lo coja la puerta se abra.
Volvemos Rudy y yo al camino, donde le perdimos la pista hace ya un buen rato. No quiero ni mirar el reloj para no saber cuánto rato ha pasado. Sigo iluminando con la luz todos los rincones y escrutando cada sombra. Nada.
Llegamos al final y volvemos por la playa. Rudy corretea alegre por la arena, ajeno a mi preocupación.
De vuelta en casa y el muñeco sigue en la puerta. Luna no ha pasado por aquí. Entramos en casa y decido replantearme la situación. Debe ser tarde y en algún momento tendré que irme a dormir. Pero me niego a dormir sin encontrar a Luna.
Decido hacer un último intento a lo grande. Bajo al garaje, cojo la bici y me dispongo a recorrer Cunit. Si Luna no está conmigo, he de asegurarme que no está en la calle.
Esta vez es distinto. No tengo la sensación de que vaya a dar con ella, y los ánimos que me insufló la estrella fugaz hace ya rato que se desvanecieron, dejando paso, una vez más, a la decepción .Voy a recorrer las calles de Cunit con la esperanza de no encontrarla. Solo pensar en ello me sienta fatal y un sudor frío, acompañado de una sensación macabra, me recorre de arriba abajo.
¿Y si está herida? Si no ha vuelto es que le ha pasado algo. ¿Y si la han atropellado? ¿Y si se ha enzarzado en una pelea con gatos y ha quedado malherida?
Muchas, demasiadas ideas fatales se agolpan en mi cabeza.
Luna, ¿dónde coño estás?

4. La esperanza.
Otra vez en casa. Cada vez que vuelvo me siento peor. En las calles no hay ni rastro de Luna. Eso me tranquiliza por un lado, y por otro me inquieta.
Rudy me recibe contento y en sus ojos veo mi angustia. Creo que intenta animarme. Nos sentamos en el sofá. Estoy derrotado, pero no por el cansancio, sino por el dolor, la decepción, la rabia y el malestar conmigo mismo. ¿Cómo me ha podido pasar semejante cosa? Un descuido, unos segundos bastaron para… no quiero seguir pensando en el eso. Solo me lleva a sentirme peor. Miro el móvil. Son más de las 12 de la noche. Luna lleva mucho rato sola ahí fuera. Pero si estuviera ahí fuera, más tarde o más temprano, habría vuelto… lo cual me lleva a pensar que Luna no está ahí fuera.
De golpe, visualizo a Luna frente a una puerta desconocida, encerrada, intentando salir.
¡Eso es! ¡Quizá no ha vuelto porque no ha podido! ¡Quizá alguien se lo ha impedido! Pero ¿quién?
Con el móvil aun en la mano entro en el navegador y busco el teléfono de la policía municipal. Es mi última baza: avisar a la policía y si alguien da con Luna o la ve, que me informen enseguida.
Rápidamente aparece un número de teléfono en la pantalla de mi móvil y llamo. Una amable voz de señora me dice que “ese número no corresponde a ningún cliente” y yo me cago en la familia de esa señora y de los que han puesto el número de la policía mal en Internet. Vuelvo a llamar con la esperanza de que la señorita haya reflexionado acerca del asunto pero no, sigue en sus trece.
Busco en otra página y encuentro otro número de teléfono de la policía local. Llamo y sí, este es correcto. Me responde una voz masculina. Tras identificarme, le expongo la situación lo más brevemente que puedo y cuando termino, noto que el tono del agente es más amable y más cercano que cuando me respondió. Probablemente debido a mi preocupación. El agente me dice que le describa a Luna y yo paso a hacerle una descripción lo más detallada que puedo.
Pues ha estado aquí con nosotros en la garita hasta hace diez minutos. Creo que nunca olvidaré esa frase. Fue como si me quitasen un traje pesadísimo de tristeza, malestar y cansancio. De repente recobré toda la energía y me levanté del sofá dispuesto a todo.
Tras una conversación excesivamente larga para mi estado de alteración (resultó que el policía conocía a mi abuelo de toda la vida y charlamos amistosamente unos larguísimos minutos) consigo otro número de teléfono: el encargado de la perrera municipal. Se la han llevado unos minutos antes de que yo llamara.

5. El rescate.
Marco manualmente el número de teléfono que me ha dado el policía y me contesta una chica que me dice que no sabe de lo que le hablo. El sonido de fondo es de mucho ruido y fiesta así que la versión cuadra. Vuelvo a llamar a la policía local y me responde de nuevo el mismo agente. Me da otro número de teléfono ya que el primero lo había anotado mal. Llamo al nuevo número y no me lo coge nadie. Insisto varias veces sin resultado. Es muy tarde, casi la 1 de la madrugada. El encargado de la perrera se habrá ido a dormir ya.
Con la tranquilidad por fin de saber dónde está Luna, envío un mensaje al número exponiendo la situación en la que me encontraba.
Pasados un par de minutos recibo una llamada al móvil. Es del número que me había dado el policía y al contestar, oigo la voz familiar de una chica. Es la encargada de la protectora de animales. Resulta que al final de todo he ido a dar con una persona amiga que me conoce y conoce también a Luna. Es muy tarde pero ni ella quiere que Luna pase la noche en la prote ni a mi me gusta la idea de dormir sin Luna aún sabiendo dónde está y que está bien.

(Media hora después de la conversación telefónica con la encargada de la prote).

No sé donde estoy pero no me gusta este lugar. Es de noche y hace frío. No sé cuánto rato llevo aquí, pero no quiero quedarme más. ¡Quiero salir! Quiero volver a casa…

No sé cuántos perros más debe haber aquí. A mi lado hay varios. Todos están encerrados como yo. ¿Se habrán perdido también? Seguro que les ha engañado la misma señora que a mí. ¡Maldita sea! ¿Cómo me dejé engañar? Parecía amable pero acabó llevándome a un sitio que olía raro, donde todas las personas vestían igual. Me dieron agua y me dejaron estar un rato con ellos para luego dejarme con el señor que me ha traído aquí y se ha ido.
No entiendo nada. Estoy muy cansada, echaré una cabezada.
El sonido de un motor acercándose me despierta. Conozco ese motor. Conozco ese coche. Creo que es nuestro coche.
¡Seguro que son ellos que vienen a sacarme de aquí! ¡Sí, es él! No veo a Rudy, quizá esté esperando en el coche.
Ha abierto la puerta con facilidad, pero creo que no me ha visto. Se dirige a otro lugar, abre otra puerta y entra en una estancia donde ya no le veo. Le oigo saludar en voz baja a alguien. A varios. Quizá tiene algún amigo o conocido aquí y ha ido a saludarle. Ya sale. Pero sigue sin verme. Se dirige a otra puerta, esta le está costando abrirla. ¡Qué torpe es! Está tardando mucho en sacarme de aquí.
Me llama pero no me ve. De hecho seguro que me llama porque no me ve, como es habitual. ¡Pero está frente a mí! Apenas unos pasos nos separan… seguro que si Rudy se hubiera bajado del coche me hubiera encontrado antes, pero al fin creo que me ha visto. ¡Sí! ¡Me ha visto!
Tarda unos minutos en desestimar todas las llaves que no abren mi puerta para finalmente encontrar la llave correcta. ¡Por fin! ¡Otra vez juntos! ¡Sabía que me sacaríais de aquí!

De vuelta en casa. Son casi las dos de la madrugada y estoy agotado. Pero el esfuerzo ha merecido la pena. La sensación con la que me voy a dormir es indescriptible y los kilómetros recorridos a pie y en bici parece que fueron hace una eternidad.
Tras una pequeña sesión de acicalamiento Luna está lista para volver a la normalidad. Los pinchos enredados en sus orejas y patas no debieron facilitarle mucho las cosas en su aventura.
Nos vamos a la cama, por fin, los tres juntos, y así ponemos fin a lo que para mí ha sido, sin duda, la noche más larga que he vivido en mucho tiempo.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Manejo de correa

Este fin de semana haremos en Vilanova un taller para aprender a manejar la correa durante el paseo de manera que éste se convierta en una actividad agradable y relajante para ambas partes (perro y acompañante).

Para asistir al taller es necesario asisitir a una breve charla el viernes, en la que daremos una serie de pautas y claves que pondremos en practica el sábado por la mañana en el taller.

Si tu perro tira mucho de la correa, si el paseo se ha convertido en un martirio o si sencillamente crees que tanto tu como tu compañero/a canino/a podéis disfrutar más de un buen paseo, entonces te recomiendo que vengas.

Lógicamente estará restringida la participación en el taller práctico a perros que vayan "vestidos" como es debido, es decir, que vayan con arnés. También se aceptaran perros que vayan con collar, pero recomendamos a tod@s l@s participantes que vistan a su perro con arnés, ya que éste es uno de los primeros pasos para mejorar los paseos. En algún caso se podrán prestar arneses si la situación lo requiere y a la vez lo permite (los recursos son los que son) pero en cualquier caso se recomendará la adquisición de un arnés para seguir mejorando en el paseo diario. Que conste que en DVB no vendemos arneses ni vamos a comisión, recomendamos el uso de arneses fervientemente porque estamos seguros que es la manera más cómoda y segura para todos.

En la practica utilizaremos correas bastante más largas de lo habitual, por lo que también animamos a los que quieran asistir a hacerse con una correa muy larga. Y digo "hacerse" en lugar de comprar porque esto es algo que podemos hacer en casa. Es realmente sencillo y barato.

Siguiendo el mismo principio, nosotros tendremos a disposición de quien lo necesite una serie de correas largas propias que en ningún caso son "comprables". Pero enseñaremos maneras fáciles y rápidas de hacer correas caseras.

Sin más, espero que nos veamos las caras el viernes en el Centre Cívic de La Geltrú i que pasemos un buen rato charlando de perros el fin de semana.

Salud a tod@s!!!

viernes, 29 de agosto de 2014

libertad de movimientos


Es algo de lo que deberían poder disfrutar los perros más a menudo. Ello les permitiría un mejor desarrollo propio y repercutiría en una mejor convivencia con todo su entorno. Pero lamentablemente eso no suele suceder, por lo que muchos perros y perras arrastran "problemáticas" durante una buena parte de su crecimiento y desarrollo individual. La libertad de movimientos en los perros jóvenes favorece el buen desarrollo, entre otros muchos aspectos, de la psicomotricidad de nuestro perro. Le permitirá conocer su cuerpo a su ritmo y ser consciente del amplio abanico de alternativas y herramientas que tiene a su disposición. De eso, del desarrollo de la psicomotricidad y de la importancia que ésta puede tener en adultos y jovenes voy a hablar en esta entrada.

Gracias a la habitación de entretenimiento canino de DVB he podido observar ciertas "tendencias" en el comportamiento de Rudy y de Luna. Tendencias que pueden verse reflejadas en otros muchos aspectos de su vida.

Me gustaría aclarar en primer lugar que Rudy y Luna visitan con cierta asiduidad la habitación de motu propio, y en ningún caso, bajo ningún concepto, se les obliga a entrar en ella o a permanecer más tiempo del que ellos crean conveniente.

Aclarado este punto, deciros que por la habitación se reparten obstáculos de distintos tipos. Estos obstáculos los divido en dos grandes grupos: obst. "simples" y obst. "compuestos".

Ejemplo de obstáculo simple: una caja pequeña.
Los obstáculos simples están formados por un solo objeto. Son de tamaño reducido y requieren un esfuerzo más mental que físico. Los compuestos, por su lado, son acumulaciones de objetos y obstáculos de mayor dimensión, lo que hace que la exigencia sea más bien física que mental. Aunque esto último no es cierto al 100%, ya que el simple hecho de tener que pensar un poco mientras estas apoyado en una superficie que se balancea ya es un esfuerzo mental importante.

El hecho es que son dos tipos de obstáculos muy distintos, aunque ambos requieran paciencia, habilidad y astucia casi por igual. Pero es la elección que hace cada individuo lo que me interesa. Es decir, si puedo demostrar que hay relación entre ciertos comportamientos y la elección de ciertos tipos de obstáculos, creo que podría utilizar este tipo de actividades de manera más eficaz. La pista principal para embarcarme en esto me la dieron Luna y Rudy. Dos perros te tamaño similar, adultos y con diferencias importantes en sus "rituales sociales". Rudy es, siempre bajo mi punto de vista, más decidido (por ejemplo) a la hora de presentarse ante otro perro mientras que Luna toma muchas más precauciones en la misma situación. La gracia de todo esto es que ambos se diferencian también en sus elecciones en la habitación de entretenimiento de DVB. Rudy prefiere empezar por los obstáculos de mayor tamaño y por los compuestos en general, mientras que Luna entra con el morro en el suelo buscando casi uno por uno en los obstáculos simples. 

Ej. de obstáculo complejo: tubos y cajas amontonados.
Hay grandes diferencias entre estos dos tipos de obstáculos (envergadura, accesibilidad...) y la primera elección, aquella que de algún modo marca la tendencia del cerebro, no es una elección hecha al azar. Es posible que las diferencias en sus rituales sociales se reflejen en este tipo de actividades y, de ser así, podríamos arrojar un poco más de luz sobre el terreno de la psicomotricidad y todo lo que la rodea.







La importancia de la psicomotricidad en el desarrollo individual.

Creo que el desarrollo de la psicomotricidad de un individuo está estrechamente ligado al nivel de madurez emocional de éste. Es decir, que un individuo que no desarrolla correctamente la psicomotricidad puede ver afectado su buen desarrollo en otros aspectos, como por ejemplo el social. He conocido perros que cumplidos los 6 y los 7 años siguen conservando ciertos rasgos de cachorro (tanto en lo físico como en lo psíquico). Y esto puede resultarles problemático en determinadas situaciones.

Obviamente la psicomotricidad cumple una tarea fisiológica muy importante también en el desarrollo del cerebro del perro, y esto influye directamente en la toma de decisiones y en planteamiento de alternativas. Un cerebro bien desarrollado tendrá menos problemas para buscar alternativas y por lo tanto ese perro tendrá más posibilidades de salir intacto ante una presentación más tensa de lo debido (por ejemplo). En cambio, un cerebro muy habituado a patrones como la persecución tendrá tendencia a buscar respuestas más inmediatas y activas y... menos "pensadas", cosa que puede suponer un peligro en determinadas circunstancias.

¿Y tener una habitación llena de trastos por el suelo es la mejor manera de desarrollar la psicomotricidad de nuestros perros? No. La solución, o mejor dicho, la prevención de muchos problemas de comportamiento pasa siempre por un correcto desarrollo del individuo, y las correas suelen impedirlo. Tener una habitación como la que tengo yo no es en absoluto la mejor manera de hacer que nuestros amigos desarrollen una buena psicomotricidad. De hecho sería un burdo parche. La habitación de DVB tiene otras muchas funciones, pero no la de desarrollar la psicomotricidad de Rudy y Luna. Eso lo hacemos de manera habitual en casi cada paseo, dándoles libertad de movimientos en muchos y diversos entornos ellos mismos desarrollan a su ritmo distintos aspectos de su personalidad. Sin intervención humana, ellos exploran terrenos, parques, montañas, plazas...
 
 Por lo tanto mi consejo en esta entrada es que, teniendo muy en cuenta la importancia del desarrollo individual de nuestro perro, empecemos a plantearnos seriamente la NECESIDAD de disponer de espacios adecuados para que nuestro perro pueda moverse libremente. Hacer excursiones a la montaña es para mí una de las mejores maneras de hacerlo, ya que en Naturaleza es más fácil y mucho mejor que tener que hacerlo en una habitación de casa.

Desde DVB trabajamos para ofrecer cursos y actividades que permitan y fomenten este tipo de desarrollo individual en nuestros perros. Y seguiremos trabajando en ello igual que seguimos empeñados en nuestra tarea de conocer más y mejor al Perro como especie y como individuo. La habitación de entretenimiento canino de DVB, entre otras muchas cosas que tenemos preparadas en DVB, puede ayudarnos y ofrecernos información interesante sobre algunas claves que aún a día de hoy se nos escapan. Siempre basándonos en la observación y el respeto para lograr mejorar en nuestra tarea.




Un abrazo muy perruno a tod@s y hasta la próxima entrada!




lunes, 18 de agosto de 2014

Enérgicos y muy activos...

No tiran de la correa por placer, no arrastran personas por diversión. Para un perro joven probablemente es más importante poder moverse libremente en determinados entornos que aprender a no tirar de la correa. Y al decir libremente no me refiero únicamente a ir sin correa, sino a sentir que realmente es él quien maneja ciertas situaciones. Para eso es vital que no le digamos constantemente qué tiene que hacer. Dejarlo a su aire.

Para un perro joven conocer a otro perro es algo suficientemente importante como para no tener que preocuparse de nada más. Lo ultimo que necesita es una persona hablándole, gritándole y manipulandole el cuello a su antojo.



Si tenemos un perro que aún no ha cumplido los dos años creo que no deberíamos pensar demasiado en qué tal se maneja con la correa. Es bueno que se habitúe a ella pero siempre en entornos propicios para ello. Lugares y momentos en los que tanto el perro como nosotros podamos disfrutar de un buen paseo. La mayoría de situaciones en las que un perro joven de menos de dos años debería verse involucrado lo ideal es que fueran sin correas de por medio. Conocer y jugar con otros perros serán sus prioridades hagamos lo que hagamos. Pero según lo que hagamos en este período, podemos estar forjando un futuro complicado y duro ya que de no desarrollar las herramientas adecuadas en esta etapa, un perro adulto puede meterse en algún que otro lío.

Mi consejo para tod@s aquell@s que compartáis la vida con un perro menor de dos años es que dejéis bastante de lado la correa y busquéis entornos y amigos apropiados para vuestros perretes.

En mi caso particular, puedo observar desde DogVille Beach muchas situaciones al día, con distintos protagonistas perrunos y humanos. Y también puedo poner en práctica la educación que me enseñan mis maestros participando en algunas de las situaciones que se presentan frente a DVB (y aprendiendo de las que no participo).

Al ser una explanada muy grande, lo más frecuente es ver perros correteando persiguiéndose unos a otros. También, y por desgracia demasiado a menudo, veo los lanza-pelotas humanos. En ambos casos se trata de perros jóvenes. Pero a menudo los perros que persiguen pelotas son "incompatibles" con la presencia de otros perros alrededor. Los adultos suelen tomar precauciones a la hora de acercarse a un perro "perseguidor". Algunos incluso lo evitan.

Y es que aunque agotarlo fisicamente parezca la única forma de que un perro joven pasee tranquilo de la correa, no lo es. Ni de lejos es la mejor ni la más sana. Ir libre será el mejor ejercicio que podamos proporcionarle a nuestro joven amigo, y eso repercutirá en un mejor paseo para todos.

viernes, 15 de agosto de 2014

sobre perros...

Cuando nos planteamos compartir nuestra vida con un perro estamos abriendo una puerta en nuestras vidas que nos permitirá crecer como personas. Nuevas experiencias, nuevos retos, nuevas amistades y multitud de sucesos anecdóticos que no se experimentarán jamas si no se cruza esa puerta. 

Pero por desgracia, hay mucha desinformación y/o información tóxica alrededor de nuestros amigos peludos. En mi caso me referiré exclusivamente a los perros pero me atrevería a asegurar que esto sucede con gran parte de los animales que nos rodean. Muchos mitos y leyendas urbanas se amontonan en la sabiduría popular que parece haber sobre los perros. En muchas ocasiones estos mitos son incompatibles unos con otros y contradicen otros que proceden de la misma sabiduría popular. Pero eso no parece importar demasiado. 

En realidad no ha costado muchos años inculcar el concepto de perro que tenemos hoy en día (simplista y erróneo bajo mi parecer), lo cual me hace pensar que no debe ser muy difícil cambiar ese concepto por uno más acorde con la realidad.

Someter al perro a una educación basada únicamente en nuestro criterio y experiencia me parece un gran error por nuestra parte. Si andamos todo el tiempo diciendo qué ha de hacer y qué no ha de hacer no estamos educando, sino adiestrando. Y ese adiestramiento requiere de un mantenimiento diario. Solo hay que pensar en el carné de conducir, quien lo tenga. Durante un tiempo nos adiestran para conducir un coche y pese a que muchos practicamos a diario, una buena parte de la info se nos queda atrás. Recordamos las cosas básicas para poder manejarnos con relativa seguridad en nuestro día a día pero todo lo demás se va olvidando. 

Quiero decir con esto que adiestrar a nuestro perro para que sea "educado" no es quizá el peor de los caminos, pero no creo que sea ni el mejor, ni el mas corto y, lo mas importante, no me parece en absoluto el mas natural. Ellos no tienen que aprender a conducirse. Son perros desde que nacen y lo único que debemos hacer es orientarles en ciertos puntos de nuestra vida. El entorno, las rutinas de trabajo, los desplazamientos en coche, pasear con correa... No creo que haya muchas más cosas en las que debamos intervenir. Ellos harán el resto.

Hablar de obediencia me parece infravalorar al perro. A veces hasta puntos exagerados. Asumimos que han de obedecernos porque no confiamos en su criterio y damos por hecho que el nuestro es el bueno. Probablemente tengamos nuestras razones para no confiar en su criterio, probablemente no, pero con demasiada frecuencia el criterio humano es peor que el criterio perruno, y mantener una situación bajo control (que es lo que pretende el adiestramiento) no es siempre la mejor solución ni la única.

He visto muchos perros que "bajo control" son tan obedientes como robots, y he visto esos mismos perros descontrolarse por completo en medio segundo al ver un estímulo mas potente. Y cuando digo "por completo" me refiero a situaciones realmente preocupantes porque, al fin y al cabo, no hay nada peor para un adiestrador que perder el control de su adiestrado y ser consciente de lo frágil que es la leal obediencia de su mejor amigo... Es entonces cuando se grita, se insulta y se maldice en ocasiones al perro por no obedecer. Todo eso hace que el perro todavía "obedezca" menos y así hasta construir una agradable relación de amistad y confianza...

Dicho todo esto quería invitaros a seguir los próximos eventos de DogVille Beach en los que pondremos en practica talleres y haremos charlas para ver cómo podemos mejorar la convivencia con nuestros amigos perrunos. Basándonos en la observación y el respeto aprenderemos a manejar una correa de manera cómoda para todos, a realizar paseos relajantes y a disfrutar de distintas actividades para hacer juntos.

lunes, 14 de abril de 2014

Charla "El estado emocional de los perros de las perreras"

La charla que hicimos Rafa y yo el pasado sábado fue una experiencia genial. El tema creo que era interesante y los asistentes así nos lo hicieron ver. Un grado de implicación muy alto desde el minuto 0 hasta el final, que por cierto se nos alargó más de la cuenta (pido disculpas a los afectados).

A primera hora Rafa parecía preocupado. No había descansado bien la noche anterior pero aunque pueda parecer soberbio lo que voy a decir, yo sabía que la charla saldría bien. Conozco a Rafa, sé de su experiencia como trabajador de refugios y protectoras y confío en su criterio. Dejando de lado el "miedo escénico", Rafa es la persona ideal para hablar de un tema como éste (de hecho es el instigador de todo esto :P).

Yo, por mi parte, me iba a centrar más en temas relacionados con la adopción ya que mi experiencia se basa más en visitar a perros que han sido adoptados (con problemática similar en algunos casos), hacer seguimientos de perros que han sido adoptados (o lo van a ser), asesorar adoptantes...

Los puntos a tratar eran muchos. Tantos que al final tuvimos que dejarnos algunos en el tintero porque se nos hizo muy tarde (casi alargamos una hora más de lo acordado). Vuelvo a pedir disculpas pero prometo que cuando hicimos el guión intentamos hacerlo lo más resumido posible. Reconozco que es difícil hablar de ciertos temas y no extenderse.  Además la situación se dio para que habláramos y nos extendiéramos más en algún punto. Estrés, voluntariado, paseos, peleas... eran temas que dieron mucho que hablar.

Los asistentes colaboraron, y mucho, en que la mañana fuera tan enriquecedora participando en la charla, interviniendo y aportando experiencias. Entre los asistentes había algún que otro amiguete, a los que les quiero agradecer especialmente su apoyo y su compañía. A los demás quiero agradecerles de corazón su asistencia y participación en esta charla, ya que el objetivo de ésta (a parte de recaudar fondos para Quissos.org) era básicamente ese: hacernos cómplices de una misma causa. Y desde mi punto de vista es fundamental que se expongan temas como éste en charlas y seminarios.

A los chicos de Ludocan les quiero agradecer enormemente su implicación en todo esto ya que si no hubiera sido por ellos no hubiera sido posible hacerlo y por supuesto a Rafa Langarika agradecerle que "me liara" para hacer algo tan chulo y tan enriquecedor. Ha sido un lujo y un placer participar en estro con tod@s vosotros!

¡Un abrazo a tod@s y hasta la próxima!