jueves, 24 de marzo de 2016

Los beneficios del mar


Navegando por Internet he encontrado una entrada muy interesante sobre los beneficios que el agua del mar tiene para el organismo. Os dejo el enlace a la página de Vida Natural Animal a la que hago referencia.
En esta entrada habla de los beneficios que podría aportar el agua marina a la salud de nuestros compañeros perrunos. Hace referencia a diversos estudios realizados sobre el tema. Recomiendo la lectura y si a alguien le interesa el tema, que indague y se informe. En el mismo artículo de VNA encontrará nombres, estudios y enlaces interesantes.

Mientras leía el artículo no podía evitar pensar en Rudy. Tal y como podéis ver en la foto, a Rudy le encanta la playa. No solo a Rudy, obviamente. Pero me fijo más en él porque cuando llegó a casa, su piel era más sensible que la del resto. Sufría a menudo reacciones alérgicas, irritaciones cutáneas que no sabíamos a qué se debían.

Con el tiempo, la cosa fue disminuyendo. Tanto la intensidad como la frecuencia de esas reacciones bajó significativamente a los pocos meses. Lo achacamos en gran parte al estrés, es decir, a la paulatina normalización de su nueva situación. Eso requiere a cualquier animal una dosis extra de estrés. De hecho, es el más lógico quizá, ya que responde a la adaptación al nuevo hogar.
Sus nuevas rutinas, horarios y en general, su nueva vida permitió que su organismo volviera a la normalidad y fue entonces cuando las pruebas de alergia pudieron detectar el problema: Rudy era alérgico a algún componente de la saliva de las pulgas. Algo relativamente frecuente pero que yo desconocía.

El tratamiento no tiene mucho más misterio que la prevención. Una vez desencadenada la reacción alérgica se puede frenar con medicación, pero hay que tener mucho cuidado con los efectos secundarios de esas medicaciones y también con las dosis administradas, ya que suelen ser medicamentos "duros". Las pipetas que conocemos todos sólo funcionan cuando la pulga pica al animal. Es decir, el componente toxico de la pipeta que va en la sangre de nuestros perros sólo actúa una vez el insecto ha picado al animal. Entonces el insecto se infecta y muere. Pero en casos como el de Rudy, la reacción ya ha empezado. Aunque la pulga haya muerto, su saliva ha entrado en contacto con el organismo de Rudy y la reacción da comienzo. Por lo tanto, la pipeta es relativamente efectiva en casos como este. Logicamente que la pulga muera una vez muerda a Rudy nos asegura la no continuidad de esa reacción, pero Rudy parece tener su propio sistema, y hasta hoy, funciona. También, en ocasiones, evita pasar por ciertas zonas que él cree (o sabe) sospechosas de contener pulgas o garrapatas. Cuando se ve o se nota desprotegido, evita zonas de hierbas que son susceptibles de albergar en su interior este tipo de insectos. A veces da rodeos y otras pide ayuda a su manera (quedándose inmóvil mirando las plantas).

El caso es que una vez sabido el motivo de las reacciones alérgicas de Rudy, empezamos a relacionar comportamientos que habíamos observado en él con su idea de "prevención".
De manera selectiva, Rudy escoge ciertas superficies arenosas de la montaña para revolcarse. Se embadurna de arena y polvo a consciencia. Y no sólo lo hace por el placer de retozar un rato, porque para eso le valdría cualquier superficie. Antes de empezar se asegura de algo. Olfatea detenidamente la zona, rasca un poco con la pata, vuelve a olfatear y si encuentra lo que busca, empieza a restregar el cuello y no para hasta acabar con tierra, arena y polvo desde la nariz hasta la cola. Luego se sacude y se va gran parte de ese polvo.
Esto lo hace, como he dicho, en la montaña. Concretamente en determinadas zonas arenosas. En la playa lo hace en cualquier sitio. Es como si la arena de la playa fuese una gran mina de su loción antiparasitaria. Y digo esto consciente de que quizá esté equivocado, pero la realidad es que permitir este tipo de comportamientos nos está ahorrando malos ratos, picores y reacciones alérgicas. Hace meses que no se le ha detectado ningún síntoma de nada parecido y es por ello que hago referencia al artículo de VNA.
En él hablan de los beneficios del agua del mar. Yo, modestamente, añadiría también los de la arena, que quizá recoja y absorba ciertos componentes del agua, almacenándolos y combinándolos con algunos propios de la arena, las conchas y otros restos.

No estoy seguro de que sea como lo digo. Solo especulo en base a lo que veo y a lo que he podido observar en Rudy. También Luna se comporta de forma curiosa en la playa, lamiendo el suelo arenoso como si bebiera de él. Luna es más de retozar en la hierba, con lo cual no la veréis revolcándose en la playa. Pero sí la olfatea y trata de extraer de su arena algo que no alcanzo a saber de qué se trata.

No por ello voy a impedir que lo haga. Creo que no deberíamos dejarnos llevar por nuestros prejuicios y costumbres para privar o impedir que nuestro perro realice comportamientos que entran dentro de su propia naturaleza. Es mi consejo.

Pero en definitiva, lo que sí puedo asegurar es que la playa en sí tiene una gran capacidad "regeneradora" para los perros (y quizá, porqué no, para nosotros). Tengo la suerte y el privilegio de vivir muy cerca de la playa, y por ello, durante casi todo el año, tanto yo como mis compañeros perrunos la visitamos con frecuencia. Igual que nosotros, muchas personas así lo hacen, y disfrutamos de la playa las tres estaciones que nos permiten ir acompañados de nuestros compañeros (en verano está prohibido).

Este privilegio nos permite realizar paseos extraordinarios en los que se dan encuentros apasionantes, juegos muy enriquecedores y situaciones, al fin y al cabo, muy propicias para el aprendizaje y el disfrute de ambos (humanos y perros).

En las fotos que acompañan esta entrada, podréis observar varias de estas situaciones que comento. Juegos entre los más jóvenes, tareas exploradoras y también resolución de conflictos. Situaciones todas ellas muy adecuadas para que perros de cualquier edad participen de una u otra forma.

Este tipo de paseos los llevamos a cabo para diversas "problemáticas" y os puedo asegurar que son realmente sorprendentes los progresos. Sin necesidad de intervención humana, los perros que veis en las fotos (son todas tomadas de un mismo paseo) se organizaron enseguida en un grupo. Los perros que veis son de diferentes edades y no todos se conocían previamente.
En este paseo, cada perro interpretó su papel a la perfección y todos, humanos incluidos, aprendimos grandes lecciones. Los más jóvenes jugaban y aportaban la dosis cómica apropiada para que dos adultos pudieran resolver sus conflictos sin excesiva tensión, creando un clima que rozaba el humor absurdo y representando un teatro mucho más medido y calculado de lo que quizá podamos imaginar. 

La dinámica del grupo fue variando y pasando por varios estados. Desde la dinámica más juguetona, quizá durante el primer tercio de paseo, hasta la dinámica más "seria" y resolutiva en el segundo y parte del último tercio del paseo, para acabar en una dinámica de relax al final. Todo ello generado y gestionado por ellos. Nosotros, los humanos, nos limitamos a acompañarles y a guiar al grupo en la dirección que nosotros proponíamos.

En ocasiones todo se puede reducir a eso. Es parte de lo que comentaba hace unos días cuando hablaba de gestionar el entorno en los paseos. Si realizamos una correcta planificación del paseo, luego no tendremos que ocuparnos de prácticamente nada más. Nos podremos centrar en la observación y podremos ver y reconocer a nuestro compañero en diferentes situaciones actuando por sí mismo y en muchas ocasiones nos sorprenderemos de lo que es capaz de hacer. Los paseos en grupo son muy recomendables para tratar de solucionar diversos aspectos, sobretodo relacionados con las habilidades sociales (comunmente llamado "sociablidad") y con los miedos e inseguridades. Pero para ello es necesaria una buena planificación previa. No sirven los experimentos porque un grupo mal configurado en un entorno poco adecuado pueden dar como resultado algo peor de lo que ya conocemos.

La playa como entorno es casi ideal para muchos perros por motivos que desconozco. Pero la realidad es que tanto a nivel físico como a nivel emocional, la playa parece tener varios aspectos positivos sobre nosotros y sobre nuestros perros.

Así que sin querer alargarme mucho más, os dejo algunas fotos más en las que se pueden observar situaciones propicias para el aprendizaje y os recomiendo la lectura del blog de Mercè, Vida Natural Animal en el que encontrareis muchos artículos relacionados con las terapias naturales y os invito a sacar vuestras propias conclusiones :)


Salud!


Luna y Ganjah tratan de resolver sus diferencias mientras Rudy actúa como mediador.

De nuevo Luna y Ganjah tratando de resolver sus asuntos. Esta vez es Fúu quien ejerce como, digamos, observadora para supervisar que todo vaya bien.

Finalmente la situación es propicia y Fúu desaparece del escenario para dejar el protagonismo a Luna y a Ganjah.

Rudy tomándose un descanso en la orilla.

Rudy y Ganjah diciéndose algo. Me encantaría saber qué, pero puedo intuir por donde iban los tiros :)

Nina.

Lucas saliendo del agua, Ganjah que ya ha salido y Nina disfrutando de un baño.

La playa también es un lugar para trabajar la motricidad.

Las rocas de los espigones no solo nos hacen trabajar el físico, sino que también nos hacen trabajar la mente para elegir la mejor ruta, y a la vez hemos de coordinar cuerpo y mente para ejecutar correctamente los movimientos. 

En la secuencia se puede observar como Luna y Ganjah confían en que mi ruta es la más apropiada, mientras que Rudy ha decidido hacer otra distinta. También es posible que Luna y Ganjah me sigan por si me hago daño...

Nina se añade al grupo con una soltura y atrevimiento que resultan casi insultantes para los más adultos del grupo, que tomamos ciertas precauciones. La agilidad de Nina es espectacular.

Lucas y Fúu jugando en la orilla.

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