miércoles, 25 de enero de 2012

obediencia de besugos

Esta entrada se la dedico a todas esas personas que me preguntan: "¿y tu perra qué sabe hacer? el mio sabe sentarse, tumbarse, dar la patita, hacer croquetas, pasa por debajo de las piernas..."

Muchas personas disfrutamos haciendo cosas con nuestros perros. Jugamos con ellos, paseamos, nos los llevamos al centro comercial, conviven con nosotros... Pero no tantos perros disfrutan haciendo cosas con sus propietarios. Y esto es algo preocupante. Los perros, por naturaleza, están encantados de realizar actividades conjuntas con nostros. Fueron ellos los que en su día empezaron a acercarse a nosotros. Muy probablemente, como describe Konrad Lorenz en su libro cuando el hombre conoció al perro, la primera actividad que cánidos y humanos hicimos en equipo fue cazar. De ahí nació una relación que ha ido evolucionando hasta hoy.
Pero quizá la palabra "evolucionado" no sea la correcta, ya que hasta cierto punto yo creo que podríamos hablar de "involución" en lo que a nuestra relación con ellos se refiere. Me explico: no creo que hace cientos o miles de años, los humanos de una família salieran a cazar con su familia canina y empezaran a decir: "sienta, sienta, espera, quieto, sienta, sientaaaa..." o que se encontraran dos humanos prehistoricos acompañados por sus canes y uno le dijera al otro: "mi perro se tumba si se lo pido, mira: tumba, tumba, tumbaaaa..."

Lo que quiero decir con todo esto es que nadie, repito, NADIE enseña a un perro a sentarse, tumbarse, dar la vuelta... etc. Con suerte lo que estaremos haciendo es comunicarle a nuestro perro que una determinada palabra o que un determinado sonido está relacionado con un comportamiento en concreto. Dependiendo de nuestra habilidad, el proceso será más rápido o más lento; más efectivo o menos. Lo que sucede en la mayoría de los casos es que el perro adiestra al humano.
No he conocido un perro que no sepa sentarse, tumbarse, dar vueltas, ponerse de pie, mover sus patas delanteras y traseras, etc. sin que se lo haya enseñado nadie.

Me gustaría volver a hablar de las personas que al empezar mencionaba. Esas personas que creen haber enseñado su perro a hacer raíces cuadradas. No tengo nada en contra de la "obediencia" ni de las habilidades. Pero sí me molesta que me digan que mi perra es menos que otro/a porque no "obedece" mis órdenes. Efectivamente, mi perra no obedece órdenes. Ni mías ni de nadie. Pero es que yo tampoco le ordeno nada, simplemente se lo pido. Si ella lo quiere hacer, lo hace. Si no lo quiere hacer, o prefiere hacer otra cosa, pues no lo hace.

Resulta curioso que alguien castigue a su perro porque en vez de sentarse ante la señal "seu" se ha tumbado, o porque tarda 30 segundos en venir desde que le llamaste. A veces yo le digo "seu" a Luna y ella se tumba, pero mi reacción no es ni mucho menos el castigo. Lejos de eso, la felicito y la premio. Ella ha hecho algo. Ha interpretado que le estaba diciendo algo y ha hecho lo que ella ha creído correcto. Podria haberse marchado, podría haberse levantado a modo de caballito, podría haber girado la cara... podría haber hecho mil quinientas cosas, pero ha hecho algo muy similar a lo que le he pedido. Para ellos, la posición de sentado es relativamente incómoda. Sería algo parecido a que nosotros nos pusiéramos en cuclillas. En cambio, tumbados están mucho más cómodos y relajados.

Probablemente Luna ha llegado a la conclusión de que el "seu" y el "terra" significan básicamente lo mismo: "espera aquí" y ella decide cuando esperar sentada y cuando tumbada. Para ellos sería mucho más sencillo si aplicásemos la "obediencia" a la práctica. A la vida que hacemos cada día. A mi no me sirve de nada que un perro sea capaz de sentarse 96 veces seguidas si cuando voy al super no puedo dejarlo fuera esperando tranquilamente (por ejemplo). Esto sucede. Las mismas personas que alardean de una obediencia de campeonato luego se encuentran que esa obediencia no es práctica. Si se quieren sentar en una terraza a tomarse algo han de estar permanentemente diciendole al perro que se siente, que se esté quieto o que se tumbe. A mi me basta con sentarme para que Luna se tumbe a mi lado o debajo de la silla.


Si eres de esas personas que necesita decirle 50.000 veces la señal a tu perro para que realice un comportamiento, deberías replantearte si el adiestramiento es el correcto. Pero antes que nada, deberías darle infintas gracias a tu perro por no haberte mandado a paseo delante de todos y hacer caso de tus indicaciones (además de por el esfuerzo previo para comprender tus indicaciones, claro...)

Dicho todo esto, dejo abierto el camino para futuras entradas sobre este tema, ya que da mucho de sí y no quiero extenderme demasiado :P Para el proximo día dejo pendiente la costumbre humana de poner distintas palabras para un mismo comportamiento.

lunes, 9 de enero de 2012

Shena, la princesa perruna

Durante estos dias, quien más quien menos hemos tenido algo de tiempo libre. A mi me hace gracia eso de tiempo "libre", ya que no conozco ninguna unidad que mida el tiempo "preso", pero bueno, esta reflexión la dejaré para otro día.
Como buen animal social que soy, me gusta dedicar mi tiempo libre (por lo menos parte de él) a estar con mis amigos. Lo que voy a contar me pasó en casa de unos buenos amigos, pero las protagonistas andan a cuatro patas. David y Roser conviven con dos perras. Una boxer de unos 9 años (Shena) y una border collie jovencita, que no llega a los dos años (Ganjah).
Fue al día siguiente de Reyes. David y Roser me invitaron a pasar la tarde en su casa. Pero no me invitaron a mi solo, invitaron también a Luna.
Entré solo, dejando a Luna en el coche. Las tres perras se conocen pero creí más oportuno entrar yo solo y luego, al rato, entrar con ella. Entré en su casa y me recibieron, como siempre, las dos perritas. Un ambiente de paz y tranquilidad reinaba en casa, y ese ambiente se les contagió a las perras. Lo normal es que se pongan super contentas y efusivas para saludarme. A Shena a veces se le escapa algun ladrido de juego. Pero ese día me recibieron mucho más tranquilas de lo habitual.
Pasado un rato, decidimos entrar a Luna. Pero nos asalta una duda: ¿dejamos que entre Luna con las dos perras? Luna es una perra muy sensible. Además Ganjah y Shena estaban muy tranquilas y no queriamos romper esa paz. Sé que los perros grandes intimidan a Luna, y Shena es bastante más grande que ella. He de apuntar que los boxer parecen tener cierta tendencia a usar las patas delanteras, cosa que a Luna no le hace demasiada gracia. Por su parte, Ganjah es más pequeña que Shena, pero mucho más movida debido a su edad. También sé que los movimientos rápidos preocupan a Luna, y más si es en un sitio cerrado y "extraño". Pero viendo lo tranquilas que estaban, decidimos que entrase Luna estando Shena y Ganjah presentes.

El trayecto del coche hasta la puerta de la casa fue muy largo. No porque hubiera mucha distancia (había apenas unos 5 metros hasta la entrada) sino porque Luna quiso olerlo TODO. Y yo, obviamente, no sólo la dejé oler todo lo que ella quería, sino que la acompañaba y la invitaba a oler cosas. Probablemente ese rato le sirvió para saber dónde estabamos y qué nos podiamos encontrar dentro (aunque yo ya lo supiera :P).

Al entrar, igual que cuando entré yo solo, Shena y Ganjah nos vienieron a recibir. Pero mi sorpresa fue mayúsucla al ver que, apenas pasados unos segundos, Luna movía su rabito frenéticamente. Estábamos aún en el marco de la puerta, no habíamos entrado. Shena también meneaba su rabito y sus patas traseras dándole la bienvenida a Luna, y Ganjah se puso muy contenta y empiezó a invitar a Luna a jugar.

Debe ser cierto eso de que los perros se parecen a los humanos que conviven con ellos, porque a Luna no le gustan las presentaciones ni las despedidas, como me pasa a mí... La verdad es que pasados unos minutos, Luna parecía estar incómoda. Shena intentaba por todos los medios tranquilizarla. Le hacía ver que pese a su tamaño, no era una amenaza. Ganjah se ponia nerviosa porque veia mucha tensión en Luna, que se mantenía sentada cerca mio con la boca cerrada.

Seguían pasando los minutos y Shena seguía en su empeño. Ganjah cuando vio que Luna no estaba de humor para jugar, decidió retirarse a un lado y echarse junto a Roser. Shena estaba pagando la factura de un esfuerzo titánico: contener esa euforia, esa felicidad, esas ganas de jugar con Luna. Shena se moria de ganas por jugar con Luna, pero sabía que cualquier movimiento o gesto podía ser malinterpretado, y medía muy mucho lo que hacía. Luna estaba preocupada, y la prioridad de Shena fue tranquilizarla en todo momento. Hay que destacar que durante todo el proceso, Ganjah también colaboró. A principio invitando a Luna a jugar. Luego se puso un poco nerviosa porque Luna no respondía a sus invitaciones y se apartó. Se tranquilizó y luego se dedicó a "romper el aire". Cuando hablo de "romper el aire" quiero decir que se paseaba entre Luna y Shena constantemente. Era como si midiese el nivel de tensión en las miradas y actuara justo en el momento adecuado para cortar ese hilo imaginario.

Cuando Shena al fin empezaba a conseguir que Luna se sintiese cómoda, Roser dijo algo así como: "ahora sólo falta que se tranquilice Shena". Fue un comentario entre nosotros, entre los tres humanos. Pero Shena lo captó enseguida, y sin decir ni hacer nada, se apartó de nosotros, se puso a oler algo que seguramente ya haya olido más de 100 veces y al cabo de unos minutos acabó estirandose en el suelo.

Hace años, cuando era más pequeño, recuerdo que tenía la convicción de que los perros nos entendían. Obviamente no era más que un pensamiento y una fantasía infantil. Ahora, pasados muchos años, empiezo a estar convencido de ello... nos entienden más que nosotros mismos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

domi... ¿que?

Creo que seguir hablando de dominancia a día de hoy es un gran atraso, un lastre. Por eso mismo escribo esta entrada y espero no tener que escribir más sobre el tema.

Hace años que se habla de manadas, líderes, machos alfa... etc. Y resulta gracioso que el señor que habló de ello por primera vez, L. David Mech, hace años que se retracta de sus palabras (hay un vídeo en youtube en el que lo explica). Pero parece que no llegó a tiempo. La pelota de la dominancia se hizo muy grande. Fue como darle un caramelo a un niño. De repente, la humanidad tenía una especie gregaria a la que someter y maltratar con el amparo de la ciencia. Si los expertos dicen que hay que ser el líder, es que hay que ser el líder ¿no? Bien, ¿y qué pasa cuando los expertos rectifican? Dicen que rectificar es de sabios...


El concepto de "manada" que estableció Mech en un principio (macho alfa, hembra alfa, manada jerarquizada) cambió radicalmente cuando se pudo estudiar a los lobos en libertad. Descubrieron que las manadas son núcleos familiares. En los primeros estudios, Mech y su equipo colocaron distintos tipos de lobos en un recinto cerrado y observaron su comportamiento. Lógicamente, en ese "Gran Hermano" de lobos surgieron conflictos, que se interpretaron como si fuesen exhibiciones de fuerza, rango y jerarquía. Cuando tuvieron la oportunidad de verlos en libertad, poco menos que se echarían las manos a la cabeza. Vieron que no había conflictos dentro de una manada. De hecho, la idea resulta un poco absurda desde cualquier punto de vista: una manada necesita todos sus miembros en buen estado para cazar y sobrevivir. La manada suele estar formada por un papá lobo, una mamá loba y sus lobitos. Cuando éstos crecen, dependiendo del entorno, buscan formar su propia familia o se quedan con la suya formando una manada mayor (esto sucede en territorios donde las presas son muy grandes).

Pese al empeño del sr. Mech y a los numerosos estudios realizados a posteriori que demuestran que el lobo es un animal con una estructura social mucho más transversal de lo que siempre se había creído, hoy seguimos "recetando" dominancia por doquier. Hay quien insiste en decir que la raíz de los problemas en la convivencia entre los humanos y los perros hoy en día son porque los humanos no sabemos ser líderes de nuestros perros y perras. No sabemos imponernos.

En parte puedo estar de acuerdo con el "pseudo-educador" que receta dominancia. Yo también creo que uno de los mayores problemas es la dominancia. Pero mi visión es justamente opuesta. Es decir, muchos problemas empiezan cuando intentamos someter o "dominar" a nuestro perro.

Cuando intentamos imponernos a alguien pasamos por alto e ignoramos todo tipo de comunicación. Ese es otro gran problema.

Los estudios de comportamiento animal nos han aportado grandes cosas en las últimas décadas. Turid Rugaas, en su libro "las señales de calma, el lenguaje de los perros," nos describe una serie de comportamientos, acciones y movimientos que nos han ayudado a entender mejor a estos increíbles animales. Los Coppinger en su libro "Perros" nos ofrecieron un punto de vista distinto acerca del origen y evolución de la convivencia entre humanos y perros. Nuevos enfoques y teorías apuntan a un origen de la convivencia mucho mas lejano en el tiempo y muy relevante para la historia de la evolución. 

Pero ¿ahora cómo le quitas el caramelo al niño? Hay quién no concibe la posibilidad de tratar a su perro de otra forma que no sea imponiéndose. "Es un perro. Ha de hacer lo que se le dice" ¿verdad? Pues va a ser que no.

Por suerte vamos avanzando. Cada vez somos más los que apostamos por una educación basada en la comunicación, la empatía y el respeto. Nos olvidamos de los collares de pinchos, de los tirones de correa, de los golpes en el cuello... etc. Entendemos la educación de otra manera. Y los resultados hablan por sí solos. Dejémonos de imposiciones y obligaciones. En vez de intantar ser un líder, tratemos de ser un amigo y un buen compañero. Demos una oportunidad a la comunicación.

Un buen paseo

Casi todos los perros salen a la calle todos los días. Hay incluso que salen varias veces al día. Pero creo que son pocos los que pueden disfrutar de un paseo. Me explico: no creo que un perro disfrute mucho arrastrando a su propietario. ¿habéis probado alguna vez a caminar por la calle con una mochila llena de libros colgada al cuello? No a los hombros, no ¡al cuello! Podéis estar en Port Aventura o en el Caribe, yo creo que no lo disfrutaríais. Me cuesta creer que alguien pueda disfrutar sin apenas poder tragar saliba o respirar...
Pues esto es lo que le pasa a algunos perros. No es tan importante cuantas veces sale al día. Lo es mucho más CÓMO sale. Un paseo debe cubrir muchas de las necesidades de nuestro perro, tanto físicas como mentales.
No deja de ser curioso que la mayoría de propietarios que visito restan mucha importancia al paseo. Con frecuencia pasan por alto detalles que, para mí, son muy importantes (tipo de collar y correa, duración del paseo, estímulos, posibilidad de interactuar con perros y/o personas...etc).
Pese a no dar la suficiente importancia, muchos acaban entendiendo que si bien no es el principal problema (tirar de la correa) sí puede ser parte de la solución, ya que a menudo lo que lleva detrás este comportamiento es mucho más profundo (miedos, estres, ansiedad... etc).
Un paseo bien hecho puede ampliar enormemente la eficacia de cualquier terapia.
para acabar, me gustaría aclarar (quizá tenia que haberlo hecho al principio :P) que no hablo de tensiones puntuales en la correa. hablo más bien de ese tipo de tensión que comienza casi antes de salir a la calle y que se prolonga durante todo el paseo. aquí hay que matizar otra cosita: los perros pequeños (de tamaño) también tiran de la correa. como los tirones son más leves (su fuerza es menor que la de un perro de tamaño grande) no le prestamos la suficiente atención. pero deberíamos!

Sinceridad animal


A veces me pregunto si el ser humano está "preparado" para convivir con animales. Me da la sensación de que cada vez lo estamos menos. Hoy en día, no son muchas las personas capaces de mantener una relación 100% sincera y honesta. Bien sea con otro ser humano o con un animal. Esa es una de las claves por las que con frecuencia nos enfadamos con nuestros perros. Si llamamos a nuestro perro para que venga y no viene, nos enfadamos; si le decimos que se siente y no lo hace, nos ponemos nerviosos; si queremos jugar y nuestro perro no juega, nos frustramos... y así podría seguir y hacer una lista bien larga. En definitiva, parecemos no tolerar la sinceridad y honestidad con la que nuestros perros nos tratan. Si no viene cuando le llamas, problablemente sea porque no le apetece acabar el paseo o porque sencillamente le apetece más seguir jugando o seguir oliendo algo interesante.
Esto lo podemos trasladar al día a día, a las rutinas de casa (paseos, comida...) e incluso a los momentos de paz y tranquilidad en los que nuestra mascota descansa. Yo, cuando miro a un perro, disfruto. Más todavía si es mi perrita, con la que puedo pasar ratos largos sin hacer otra cosa que observarla. Juego a su juego: "ya que no nos podemos hablar (con la voz, se entiende) voy a observarte y conocerte al detalle". Todos los gestos, muecas, movimientos... Hasta el más sutil pestañeo cobra importancia. Y una importancia especial, ya que mientras observamos a nuestro perro, estamos viendo la sinceridad en estado puro. El cómo se siente, qué siente y cómo lo siente son cosas que siempre me han interesado, y a la vez son cosas que nos ofrecen diariamente. Ellos no esconden nada. Si no le apetece pasear porque llueve, te lo dirá. Si tiene hambre, si quiere estar contigo, si le apetece jugar con otro perro... ¡Todo nos lo dicen! Sólo hay que saber verlo. Pero estas cosas a mucha gente parece no preocuparles, y por desgracia, muchos perros acaban abandonados o sacrificados por "malos" y/o "desobedientes"... Muchos de estos casos se solucionarian con unas nociones básicas de comunicación humano-perro y perro-humano.
Dicho esto, vuelvo al inicio para plantear una reflexión: ¿Estamos preparados para convivir con animales? Y no me refiero a "convivir-dominar" o "convivir-esclavizar" o "convivir-pasando-del-perro". Me refiero a convivir en el más puro estado. En armonía. No es necesario crear una jerarquía. De hecho, bajo mi punto de vista, estructurar una familia jerárquicamente es un grave error. Tanto para las personas como, sobretodo, para los perros. Estoy harto de leer pseudo-artículos y ver pseudo-programas de TV donde se hace especial incapié al tema de la jerarquía y la dominancia. No era mi intención hablar de ello, pero es imposible no hacerlo, ya que el cuento de la jerarquia choca frontalmente con mis ideas. Alguien que intenta "ser el lider" pasará por alto todo tipo de comunicación. No se fijará en lo que su perro intenta decirle y la comunicación (si es que se puede llamar así) irá solo en un sentido: humano-perro. El humano intentará "dominar" al perro pasando por alto todo lo que el perro intente decirle... Y llegados a este punto, vuelvo a plantear una pregunta: ¿estamos preparados para tolerar la sinceridad? Bajo mi punto de vista: no. Esa es una de las razones que lleva a mucha gente a perder los nervios con su perro, a reaccionar de maneras violentas delante de algunos comportamientos (100% naturales en un perro) y a "humanizar" a su perro. No digo que sea algo malo. Pero en muchos casos, se humaniza al animal para así poder tratarlo como a un humano (osea, mal) y quedarse con la conciencia tranquila...
Y ahora sólo me queda una cosa pendiente: invitaros a tod@s a observar a vuestros perros. Nada en concreto, y a la vez todo: su comportamiento, gestos más habituales, expresiones faciales, movimiento de la cola, caricias que le gustan (esto merece casi una nota a parte...), los paseos (antes, durante y después de pasear)... y tooooodo lo que se os ocurra. Podeis convertir esto en un juego si quereis. Con el tiempo, podreis predecir muchas de las reacciones que vuestro perro tendrá ante determinados estímulos y situaciones (cara de juego, cuerpo rígido y tenso, cola estática o en movimiento...), pudiendo actuar en consecuencia y anticipando situaciones potencialmente desagradables. Poco a poco, ireis viendo más cosas, más detalles: "antes de tensar el cuerpo y quedarse estático, cierra la boca. Y antes de cerrar la boca, huele el suelo...." Y así descubrireis un mundo fantástico en el que cada día se aprende algo nuevo!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La lección del mando a distancia


Siempre dejo el mando a distancia de la puerta parking en el mismo sitio: en un pequeño departamento que hay junto al freno de mano. No es por nada en concreto, simplemente me es práctico y pasado un tiempo, prácticamente no tengo ni que pensar en ello. Cuando me acerco a la puerta del parking mi mano va sola hacia donde está el mando.
Este es un proceso casi automático. El cerebro, dentro de su inmensa sabiduría, tiende a mecanizar movimientos y acciones que se repiten con cierta frecuencia. Es una manera de "optimizar" sus recursos. Ocurriría algo parecido si, por ejemplo, sumamos 753+154. La primera vez tendremos que hacer el cálculo. Si repetimos esta misma suma varias veces seguidas, ya no nos será necesario calcular, sabremos el resultado. Nuestro cerebro utilizará el camino más corto y no sumará las cantidades. Sería absurdo rehacer el cálculo una y otra vez con el gasto de recursos y energía que le supone...
Vuelvo al mando del parking. Como he dicho, esa acción de abrir la puerta está, digamos, mecanizada por mi cerebro. Pero surge un inconveniente... ¿qué pasa cuando el mando no está en el sitio? muy simple: el cerebro se pone nervioso, se estresa. Con todo lo que ello conlleva.
Puede parecer una tontería, pero esto mismo me sucedió ayer por la noche y aprendí la lección. Durante unos segundos, no había manera de encontrar el mando. No estaba en su sitio y yo seguía buscándolo, pero no aparecía. Llegué a plantearme (o mi cerebro me quiso hacer creer) posibilidades inverosímiles, como que se me había caído o que lo había perdido. El mando NUNCA sale de mi coche, así que era imposible. Tardé unos minutos en empezar a relajarme. Hasta ese momento, mi cerebro estresado tenía el control de la situación. Había buscado por varias partes del coche (sillones, suelo, guantera...) y no había encontrado nada. Cuando empecé a tranquilizarme, volví a buscar y... eureka! el mando estaba en el sillón del copiloto. Sillón en el que había buscado por lo menos dos veces. ¿se colocó el mando solito en el sillón después de que yo buscara? no lo creo... lo que sí que creo es que mi cerebro estaba estresado porque el mando no estaba en su sitio, y no me dejaba encontrarlo (paradójico ¿no?).
Ahora os pido un ejercicio de imaginación. En vez de protagonizar yo la historia, imaginaros un perro. Y en vez de un mando a distancia, imaginaros cualquier situación a la que un perro pueda estar habituado. Si queréis lo hago más fácil: una persona que vuelve a casa siempre a la misma hora del trabajo. Su perro le recibe cada día. Un día, la persona decide ir a tomar unas copas al salir de trabajar, con lo que retrasa su llegada a casa. Cuando por fin llega, ve el salón de su casa "desordenado" y el perro que le mira muy contento. ¿es culpable el perro de haber destrozado el salón? yo creo que no. Por seguir con la comparación: ¿es culpable el perro de haber encontrado el mando? Probablemente su cerebro le ha jugado una mala pasada, estresándose por la no-llegada de su propietario, y ha provocado una serie de comportamientos en el perro. Los mismos comportamientos que me llevaron a mí a quitarme el cinturón de seguridad, mover los asientos y encender la luz de dentro del coche mientras buscaba el mando. Comportamientos que de alguna manera son voluntarios pero a la vez no lo son. Yo no podía estar quieto y esperar a que apareciera el mando por sí solo, mi cerebro me lo impedía. El perro tampoco podría estar quieto mientras su propietario no llega.
De la misma manera, podemos extrapolar este tipo de reacciones a cualquier situación cotidiana. Tanto en nosotros como en nuestros perros, ya que ambas especies basamos nuestras vidas en hábitos y costumbres.
Para colmo, debo decir que la persona que suele llegar a la misma hora del trabajo también soy yo. Ayer, al salir de trabajar, no pasé por casa y no llegué hasta las 22.30h. Cuando llegué Luna me esperaba más nerviosa de lo habitual, a lo que le respondí con una sonrisa. Luna no rompió nada, pero no fue necesario para aprender la lección.
Reflexionemos y replanteémonos algunas cosas, seguro que no está de más.

...sí, tengo perro.


Tras esta afirmación tan común para todos y todas los que convivimos con un perro, hay algo más. un porcentaje altísimo de la gente que tiene perro no es consciente de lo que es realmente un perro. Y diría más, una parte preocupantemente grande de la gente que tiene perro, tiene un concepto completamente equivocado y erróneo de lo que es un perro. Esto se debe, en gran parte, a la información que se difunde en televisión y al poco criterio y sentido común de algunas personas.
A dia de hoy me hace gracia que haya gente que me sigue hablando de "líderes de manadas" y de dominancia... Simplemente me gustaria hablar un poco de lo que entiendo yo que es un perro.
Para empezar, el perro es un animal. Social, sí. En eso estaremos todos de acuerdo. Un animal social que está "diseñado" y "programado" para evitar enfrentamientos y conflictos en su entorno. ¿esto quiere decir que los perros no se pelean? No, por supuesto que se "pelean". Cuando ellos creen no les queda otra alternativa. No es casualidad que una gran parte de los comportamientos agresivos ocurran con la correa atada (y tensa) y/o en lugares cerrados. Pero el tema agresividad no es el que me toca hoy. Digo como pincelada el que si tenemos un perro reactivo (o "agresivo") deberiamos revisar muuuuchas cosas antes de etiquetarle como agresivo o problemático. El humilde objetivo de esta nota es explicar que en casa tenemos un animal, y como tal se comporta. Es facil que rompa cosas, que arañe puertas, q muerda muebles... ES UN ANIMAL. Si dejamos solo durante 8 horas a un niño en Port Aventura, ¿alguien cree que no subirá a ninguna atraccion? ¿se quedará quieto esperándonos? Yo creo que no. Por lo menos, un 99% de los niños probarían y subirian en todas las atracciones que pudieran! Pues con el perro pasa un poco lo mismo. Cuando nos vamos y se queda solo, busca su Dragon Kahn particular. Es labor nuestra dejarle entretenimiento suficiente y habilitarle un lugar cómodo y confortable para cuando se quede solo.
"...mi perro se come la comida de la mesa!! incluso estando nosotros!!" Claro, ¿alguien ha dejado alguna vez una bolsa de pipas dentro de la jaula de un loro? No creo que durase mucho tiempo entera ¿no? Bien, lo q quiero decir es que para un perro la comida es comida. No es de nadie. Él sabe donde está y simplemente espera a que nadie le mire (a veces ni eso) para conseguir su cena. De la misma manera, para un perro la pata de un mueble puede ser un mordedor excelente para mantener su mandibula en forma y sus dientes sanos. Los sofás son sitios estupendos donde escarbar y ejercitar sus patas delanteras, y tambien lugares cómodos para descansar. Pues como estos, hay muchos comportamientos que son NATURALES en el perro e incluso necesarios. Repito que estamos conviviendo con un animal salvaje. Aunque creamos que está domesticado y que es muy bueno, tiene sus instintos y sus necesidades como animal. Lo mejor de todo, es que ellos están dispuestos a colaborar con nosotros. Esto quiere decir que si le enseñamos las cosas de manera amable y respetuosa, ellos están encantados de hacerlo. Por ejemplo: si mi perro me quita la comida, le enseño a que espere sentado o tumbado mientras como. Si mi perro muerde muebles, le dejaré troncos de madera, kongs, juguetes...etc y cuando esté solo me aseguraré de que no tiene nada rompible a su alcance. Y así con todo.
Para acabar, no me gustaría que tras leer esto haya gente que mire a su perro y vea un "monstruo" o un animal salvaje y silvestre. No. Todo lo contrario. Un perro es un gran animal de compañía. Para mí el mejor (más incluso que la mayoría de humanos). Solo digo que muchos de los problemas en la convivencia humano-perro son debidos a que ignoramos la naturaleza del perro y sus necesidades. Reflexionémos. Pongámonos en su lugar. No es tan difícil! Hace un tiempo nosotros también eramos animales. Dejemos de pensar en tonterías y empecemos por lo más básico, lo más natural. Un perro no busca ni necesita un líder, necesita un amigo y una familia que le quiera y le respete.